México no es un país cualquiera para los Estados Unidos y mucho menos un socio al que se le puede maltratar porque así lo decida la irracional forma de pensar del dirigente en turno, ya que somos el segundo mercado más importante para las exportaciones estadounidenses. En dólares, esto significó exportaciones por 212,000 millones de dólares en enero-noviembre del 2016 [1].

Como lo hemos mencionado en otros artículos, los insensatos discursos y medidas tomadas por el actual presidente de Estados Unidos afectan a propios y extraños.

Esto se puede apreciar cotidianamente en el descontento que se manifiesta en su país y que ha trascendido sus fronteras. Confiamos en la sensatez de los secretarios Meade y Guajardo, así como en las opiniones que escucharon de los representantes en el Senado Mexicano. Sin embargo, para dejar claro el hecho de que México no está desprotegido, quisimos traer a la atención del lector cómo ya México en otras ocasiones ha tenido que hacer uso de represalias cuando sus derechos, plasmados en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), se han visto vulnerados.

El TLCAN tenía previsto que Estados Unidos abriera sus fronteras a los transportes de carga mexicanos desde diciembre de 1995. Para variar, nuestro vecino decidió no llevar a cabo la apertura de la frontera, argumentando cuestiones -qué raro- de seguridad. Suena conocido, ¿verdad?

Al no cumplir Estados Unidos su compromiso, México solicitó la instalación de un panel de solución de controversias también previsto en el TLCAN. En la actualidad, dicha decisión podría tomarse ante las medidas que pretende Estados Unidos implementar. Cuando en febrero del 2001 el panel falló a favor de México, Estados Unidos, en contra de esta resolución, siguió en su posición contraria a su compromiso y, deliberadamente, tomó acciones que retardaron el cumplimiento de lo acordado. Por ello, en marzo del 2009, México impuso represalias a su socio y vecino (retaliation) que consistieron en incrementar los aranceles para 89 productos (53 industriales y 36 agrícolas). Como reacción, en el país del norte se creó una enorme coalición de más de 140 empresas y asociaciones norteamericanas afectadas, que contribuyó mediante el envío de diversas misivas a sensibilizar a la administración y al Congreso estadounidense para que resolviera el problema y asumiera el compromiso pendiente.

De igual manera, un importante número de legisladores estadounidenses e incluso gobernadores de varios estados se manifestaron a favor de una solución expedita a este diferendo.

Finalmente, la presión ocasionada por las empresas estadounidenses cuyas exportaciones se vieron afectadas propició que las autoridades acataran lo establecido en el TLCAN y atendieran las demandas de México respecto a ingresar sus camiones de carga.

Creo, sin temor a equivocarme, que el número de organizaciones y legisladores que estarían ahora en favor de México sin duda sería mucho mayor que en aquél entonces. Sólo hay que pensar que de los más de 200,000 millones de dólares que EU exporta a nuestro país, 42% viene de Texas, cerca de 11% viene de California y 5.4% de Michigan. Esto sin contar que, de acuerdo con datos de aquel país, estas exportaciones de Estados Unidos a México generan en el país vecino cerca de 6 millones de puestos de trabajo directos, habría que considerar otro tanto de empleos relacionados con éstos.

De manera que no estamos ni solos ni indefensos ante el capricho de las decisiones de un representante (es un decir) del pueblo que tendría, pese a que pretende ignorarlo, que escuchar la voz de su Congreso y de todos los sectores del país que gobierna.

[1] Últimas cifras reportadas por el U.S. Census Bureau. En comparación, en ese mismo periodo exportaron 104,000 millones de dólares a China, su principal socio comercial, y 246,000 millones de dólares a Canadá.