Vivimos una época en la que todo es posible. Mientras el mundo enfrenta al Covid-19, hemos sido testigos de un hecho histórico. Desde el Centro Espacial Kennedy en Florida, SpaceX se convirtió en la primera empresa privada en lanzar un cohete tripulado a la Estación Espacial Internacional en una misión inédita con la NASA.

Cada vez que creemos que algo es imposible, la realidad nos vuelve a sorprender demostrándonos que los sueños tienen capacidad infinita para romper toda clase de paradigmas y marcar nuevos hitos en nuestra vida y nuestra historia.

La cápsula Crew Dragon despegó para hacernos voltear al espacio y recordar que vivimos en un mundo de posibilidades infinitas. Por un momento, dejamos de lado la preocupación para ver al cielo en un momento sorprendente que debe llenarnos de esperanza hacia el futuro; ese que podemos y debemos construir juntos, con una mentalidad renovada.

Crew Dragon es el equivalente a nuestro potencial de salir a conquistar el espacio, es la nave que nos lleva a superar nuestros propios límites para entrar en esa órbita donde habitan todas nuestras posibilidades. El cohete Falcon 9 que impulsó la cápsula es el equivalente a esa fe y pasión que nos mueven para salir de nuestra zona de confort y hacer realidad nuestros sueños más profundos; ahí donde encontramos las respuestas a las grandes preguntas sobre nuestro origen y destino.

La ciencia y la tecnología pueden seguir abriendo caminos para que nuestras aspiraciones sigan creciendo. Ante la emoción que genera un momento como éste me pregunto, ¿dónde está México de cara al futuro? ¿Podemos vernos algún día siendo parte de alguna misión espacial? Estoy convencido de que sí.

En las condiciones actuales, afirmar esto parece irónico; sin embargo, como Elon Musk, soy soñador de imposibles. México, un país excepcional lleno de talento extraordinario puede aspirar a ser trampolín para ir al espacio. Es hora de apostar por el liderazgo creativo, la innovación, la ciencia y la tecnología para que los niños y jóvenes mexicanos que hoy sueñan con ser astronautas y llegar al espacio, lo logren. La riqueza de México alcanza para superar toda la pobreza y llegar al espacio, por eso urge reimaginar al país.

Para llegar a este lanzamiento de SpaceX y la NASA, hubo muchas pruebas, contratiempos y fracasos. México está en un momento muy complicado en el que las preocupaciones parecen asfixiarnos y arrebatarnos la posibilidad de soñar con un mejor futuro. No lo permitamos.

Veamos en Doug Hurley y Bob Behnken dos ejemplos para revivir nuestra esperanza y reafirmar todo lo que podemos construir y lograr. Las condiciones tan desfavorables de este momento no pueden arrebatarnos la convicción del país que podemos llegar a ser. Un viaje al espacio es un magnífico recordatorio de que el talento y la innovación sólo pueden florecer en un entorno de libertad. Valorémosla, cuestionémosla y defendámosla para construir ese futuro que soñamos.

Aún podemos detener este deterioro, corregir el rumbo hasta lograr lo que nos ha parecido imposible: llegar al espacio con nuestra bandera tricolor para recordarle al mundo que el ágila sobre un nopal devorando una serpiente volverá a brillar para ser símbolo de grandeza nacional y orgullo internacional.

Si lo creemos, lo podemos crear. El primer paso es reconocernos como un solo equipo y reconquistar nuestra esencia para recuperar nuestra fuerza y salir a conquistar un espacio infinito.

Twitter: @armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.