Un país en donde la violencia no sólo no disminuye, sino que se multiplica. Nadie se salva. Un país donde cada día se percibe más coraje, más miedo y más enojo.

México lindo está cada día más herido. Un país donde desde el poder se incita al odio, se fomenta el coraje, se promueven el rencor y el resentimiento. Un país lleno de heridas abiertas donde pasa todo y no pasa nada. Donde la injusticia y el dolor se han vuelto la norma, en donde todos somos más vulnerables y cada día somos más los que nos sentimos abrumados frente a tantas amenazas (que no tienen para cuándo resolverse).

Un país donde el Estado de Derecho no existe porque quienes promulgan las leyes y supuestamente deberían ejecutarlas son los primeros en violarlas, en burlarse de ellas e incumplirlas. Un país en donde la violencia no sólo no disminuye sino que se multiplica. Nadie se salva. Violencia creciente contra niños y jóvenes; contra mujeres, adultos mayores, sacerdotes, periodistas, policías y militares. Un país en donde la desesperación por falta de autoridad, de certeza, de legalidad, de orden, nos está llevando a vernos como enemigos unos a otros, confundiéndonos e impidiéndonos ver con claridad para discernir y elegir aquello que nos pueda encaminar a salir juntos de esta trampa.

Un país donde no acabamos de entender dónde está la raíz de nuestros problemas, dónde seguimos creyendo equivocadamente que el gobierno los resolverá cuando lo único que hace es empeorar todo y, ante la falta de respuestas y de justicia, estamos cometiendo el error de querer tomarlas por nuestra propia mano con todo el dolor que genera a culpables e inocentes. Un país donde estamos llegando al límite de lo inhumano, donde cada día valoramos menos la vida porque nos estamos acostumbrando a más muertes en absoluta impunidad; desde el vientre materno hasta en la calle a cualquier hora del día. Un país en donde cada día se percibe menos empatía, menos solidaridad y menos tolerancia.

Un país donde cada día se percibe más coraje, más miedo y más enojo. Esta mala combinación es una bomba de tiempo en la que todos perdemos y nadie gana. Un país en el que no podemos seguirle este juego perverso al gobierno. Su tendencia es continuar dividiendo y polarizando, pues sólo así pretende navegar en el mar de desolación que está provocando el cúmulo de sus malas decisiones.

Ellos necesitan del conflicto para gobernar, nosotros necesitamos de la solidaridad para sobrevivir. Somos millones los que no queremos vivir así. Estamos a tiempo de darnos la mano y reconocernos como lo que realmente somos: hermanos. Sólo así podremos frenar y revertir el deterioro. Reconectar unos con otros es nuestra única alternativa.

Twitter: @armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.