Hace apenas tres años, se estimaba que México necesitaba una inversión total de más de un billón de pesos en esta década, del 2021 al 2030, para cumplir sus metas de generación eléctrica: satisfacer una demanda creciente, reducir los costos de generación y cumplir con sus metas de generación limpia. En contraste, el Plan de Negocios 2021 de CFE, un documento realizado bajo los ambiciosos parámetros del equipo directivo actual, contempla apenas 175,000 millones de pesos de inversión en generación en el mismo periodo. Bajo estas métricas, la CFE—la misma empresa que exige que se le asigne constitucionalmente al menos 54% de la generación total—podrá cubrir menos del 17% de la inversión necesaria en la década.

Es un problema que va más allá de los pesos y los centavos. Hace apenas tres años, se estimaba que México necesitaba agregar más de 22,000 megawatts de capacidad instalada limpia en la década. En contraste, apenas el año pasado, la Secretaría de Energía consideraba que la CFE agregaría menos de 3,400 MW limpios (incluyendo 1,500 MW nucleares). Esto subió a unos 4,400 MW con el anuncio fuera de ciclo de CFE de su proyecto solar en Sonora. Pero, aun así, lo que la CFE ofrece en energía limpia no es ni un quinto de lo que el país necesita. Si limitamos el horizonte de tiempo a este sexenio, no es ni un décimo.

Las insuficiencias de CFE no sólo son en energías limpias. Hace apenas tres años, se estimaba que México necesitaba agregar más de 19,000 megawatts (MW) de capacidad instalada total entre el 2021 y 2024. En contraste, los planes de inversión de CFE apenas rondan los 4,500 MW de capacidad instalada en ese periodo. No es ni un cuarto de lo que México necesita. Si se considera toda la década, la fracción de lo que CFE cubriría es todavía menor.  

Difícilmente se puede argumentar que el problema sea que antes se hayan exigido niveles de crecimiento innecesarios. Las insuficiencias de los planes de CFE se pueden inferir de manera más directa: las adiciones consideradas por la Sener en “proyectos estratégicos” de CFE en toda la década, que son de menos de 10,000 MW, implican una tasa media de crecimiento anual de aproximadamente 1.3 por ciento. Esta no alcanza para cubrir ni el escenario ‘bajo’ del pronóstico actual de crecimiento anual del consumo eléctrico de la propia Sener, de 2.4 por ciento. El escenario alto, de 3.3%, implica que, tan sólo para cubrir el crecimiento en la demanda, se requerirían unos 30,000 MW nuevos durante la década. Esto es más del triple de lo que la CFE ofrece. 

El cálculo es conservador. La brecha entre lo que CFE ofrece y lo que México necesita en realidad es más grande. La CFE tiene muchas plantas que, por su edad y estado, tendrá que retirar pronto. Hace tres años, se estimaba que entre 2018 y 2032, la CFE tendría que retirar más de 11,000 MW de capacidad propia. Ejecutar un plan así prácticamente dejaría en ceros la adición neta de capacidad de CFE durante toda la década. En la aritmética eléctrica, insuficiencia en nuevas inversiones implica costos de generación más altos. Insuficiencia en capacidad implica apagones.

Por donde se vea, México le queda enorme a la CFE. Lo que la CFE propone invertir y desarrollar, por patriótico que sea, es entre un cuarto y un décimo de lo que necesitamos para que nuestro sector eléctrico funcione bien. Por eso es una enorme fortuna que—al menos por ahora—México no sea de la CFE, sino la CFE de México. Ojalá así se mantenga.

@pzarater

Réplica de Comunicación Corporativa de la CFE

Pablo Zárate

Consultor

Más allá de Cantarell

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