Frente a las amenazas de Trump, México construye el ya famoso plan B

Trump está detonando un fuerte terremoto geopolítico. Como sucede con los músicos de la orquesta del Titanic, quienes en medio de la tragedia no cesan en deleitar con su música a los aterrados pasajeros, los negociadores del TLCAN elaboran sesudos análisis técnicos pensando en un final feliz, teniendo como entorno el timeline de Twitter más temido en el mundo, el de Donald Trump.

México busca el famoso plan B a marcha acelerada. Pocos distinguen sus cimientos pero todos sabemos que busca romper la estructura cuasi monopólica del comercio mexicano respecto a Estados Unidos. Muestra de ello es el acercamiento al grupo BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, por parte del presidente Peña Nieto.

En pocos años la geopolítica ha cambiado radicalmente. Al inicio del actual sexenio surgió la necesidad de crear un contrapeso al grupo BRICS. México y Brasil luchaban por el liderazgo de la zona latinoamericana. Era necesario acortar distancias geopolíticas con el país de Lula y Dilma. Así nació en el intelectual colectivo de las diplomacias de México, Indonesia, Corea del Sur, Turquía y Australia, MIKTA.

Fue durante la gestión de José Antonio Meade cuando se aceleraron los acercamientos y reuniones entre los cancilleres del grupo. Los objetivos fundacionales fueron prácticamente el espejo del grupo BRICS: gobernanza global, lucha contra el terrorismo, mantenimiento de la paz, comercio y desarrollo sustentable, entre otros ejes.

Como suele suceder en las negociaciones para formar grupos de la naturaleza del MIKTA, cada país coloca en la agenda grupal uno varios temas de su interés. Para México, el tema prioritario fue el de la gobernanza internacional de la energía .

Si bien es cierto que en el 2001 Jim O’Neill, economista de Goldman Sachs, bautizó al BRICS, fue hasta septiembre del 2006 cuando Serguéi Lavrov, ministro de Exteriores ruso, al salir de una reunión durante la Asamblea General de Naciones Unidas, reveló que la idea de los cinco países emergentes, incluyendo el suyo, tomaba rumbo.

A China y a Rusia les interesaba formar un conglomerado geopolítico para sumar votos en decisiones estratégicas más allá del Consejo de Seguridad de la ONU, en particular, en temas comerciales. Los contrapesos frente a Estados Unidos, necesarios para ellos.

Era la época de gloria de Dilma Rousseff; momentos en que dejaba plantado a Barck Obama por motivos del espionaje revelado por Wikileaks.

Pero todo cambió. Brasil en profunda crisis política y México angustiado por el comportamiento esquizoide de Trump.

Atrás quedaron los desplantes de Claudia Ruiz Massieu al gobierno ruso.

Hoy el presidente Peña se reunirá con Vladimir Putin para concretar lo avanzado por el subsecretario de Relaciones Exteriores, Carlos de Icaza, en su reciente visita a Moscú.

México busca puentes con viejos rivales de Estados Unidos. No vaya a ser que los músicos del Titanic interrumpan su melodía.

En una de esas tiene razón el exvicecanciller argentino Roberto García Moritán quien escribió en el periódico artgentino El Cronista, sobre la posibilidad de una fusión entre BRICS y MIKTA.

@faustopretelin