La bella joven rompió las ilusiones del pretenso cuando éste le pidió matrimonio diciéndole: el problema no es que seas ahorrativo, sino que ganas muy poco. Se levantó y se fue.

El problema fiscal de los países no sólo es derivado de lo abultado de sus deudas, sino de su baja capacidad de generar recursos que cubran esos montos.

El caso más claro es el de Grecia, que tiene una deuda equivalente a 115% de su Producto Interno Bruto, cuando sus ingresos sólo son equivalentes a 34% de su PIB. O sea menos de la tercera parte.

En la alerta mundial que se ha generado por los desequilibrios en las cuentas públicas, uno de los casos más alarmantes en el papel es del de Japón, que tiene una deuda equivalente a 192% de su PIB, con apenas 27% de ingresos con relación al tamaño de su economía. Sólo que lo que salva a los nipones es ese bono de competencia, el creerles que son capaces de solventar con sus capacidades esa deuda en el futuro.

Estados Unidos, por ejemplo. Tiene una deuda equivalente a poco más de la mitad del tamaño de su economía, que es una deuda de muchos cientos de miles de millones de dólares, por el tamaño de ese Producto Interno Bruto, pero sus ingresos de 28% son una aparente buena garantía para su cobertura. Y claro su bono de competencia es el mejor del planeta.

Y es aquí donde encaja mejor la historia de la novia interesada que deja al pretendiente pobretón. México es, desde la perspectiva de la prudencia del crédito, un ejemplo. Pero gana México tan poquito que no es un buen pretendiente.

La deuda de este país representa 38% de su Producto Interno Bruto (PIB). Todo un ejemplo en estos tiempos de irresponsabilidad crediticia.

Pero cuando vemos los ingresos descubrimos el mediocre escenario que nos aqueja en el terreno fiscal.

Con el bendito petróleo, los ingresos mexicanos alcanzan 20% del Producto Interno Bruto, pero si le quitamos este producto no renovable, cuyos ingresos usamos para el gasto corriente del país, México recauda apenas 9.7% del PIB. O lo que es lo mismo, este país tendría los mismos problemas que Grecia.

Qué difícil que entiendan legisladores y gobernantes que a este país le urge componer su paupérrimo esquema fiscal.

La primera piedra

El dato inflacionario que el Banco de México acaba de dar a conocer respecto del comportamiento de los precios durante la primera quincena de mayo fue ya calificado hasta como histórico.

Presumen que nunca antes en 20 años, se había dado una baja tan pronunciada en los precios durante este lapso. Y sí, las mediciones previas ahí están para corroborar esa historia, pero es una verdad muy relativa.

El principal factor, lo comentamos ya, fue la baja en las tarifas eléctricas que cierta parte del país goza durante algún tiempo del año. Aunque también durante los primeros 15 días de este mes se dieron bajas en algunos productos agropecuarios que regularmente inciden en la inflación general, como es el caso del jitomate y la cebolla.

Entonces, la combinación de estas bajas estacionales le regala al banco central un precioso registro inflacionario por debajo de 4 por ciento.

Pero también este marco puede crear una tentación para el gobierno federal que tiene en marcha una política no explicada claramente de eliminación de subsidios en ciertos productos, como las gasolinas.

Si con las presiones inflacionarias de principios de año, cuando las antenas políticas estaban dirigidas al tema de la inflación, Hacienda nos recetaba aumentos semanales en los precios de las gasolinas. Con la estabilidad actual, podría aprovecharse para subir la dosis de aumentos.

Los precios de las gasolinas entre México y Estados Unidos mantienen un diferencial, provocado ahora por el efecto cambiario, más que por el precio del petróleo.

Con dólares a 13 pesos, pero con barriles de petróleo por debajo de los 70 dólares, un litro de gasolina en promedio en Estados Unidos cuesta 8.80 pesos. Cuando en México la gasolina Magna cuesta 8.20 pesos el litro. La gasolina Premium, de más bajo octanaje que su similar de Estados Unidos, cuesta en México 9.82 pesos, contra los 9.91 pesos en promedio en EU.

Así es que, con un dato tan favorable en la inflación general, esa que mete todos los precios en una sola canasta, podría haber la tentación de dar los últimos golpes a los subsidios en estos energéticos.

Total, el jitomate, la cebolla y las papas ayudarían a contener el efecto del gasolinazo.