La economía mexicana posee fortalezas que le permitirán enfrentar el actual contexto de volatilidad económica, diferenciándose de manera importante de otras economías emergentes.

Bajo esta premisa, debe enfatizarse que México no está en crisis, enfrenta una fuerte volatilidad financiera, que es distinto, pues las crisis están asociadas a altos niveles de inflación y a crecimientos económicos negativos, circunstancia distinta a la que vive nuestro país.

Desde el primer día hábil del año, el mundo amaneció con problemas. El mercado de valores chino cerró operaciones por presentar una caída de más de 7%, generándose caídas en todas las bolsas del mundo y la depreciación de las monedas emergentes con respecto al dólar. Esto se repitió en la misma semana, sumándose una caída en los precios del petróleo, generada por motivos de oferta y demanda.

Así, el panorama global nos muestra cómo la desaceleración en el crecimiento de la economía china generaba una menor demanda global de hidrocarburos, en momentos de crecimiento en la oferta, cada vez que Estados Unidos forma parte del mercado internacional del petróleo, y cuando a Irán, gran productor del hidrocarburo, le retiraron las sanciones internacionales y volvía al mercado.

Otro aspecto es el invierno en Estados Unidos, que ha sido menos fuerte que en años anteriores, disminuyendo de manera importante la demanda de energía y ocasionando con ello que los inventarios estén en niveles máximos respecto de los últimos 80 años.

Estas circunstancias generaron una sobreoferta de petróleo en el mercado y ha llevado a la baja los precios del hidrocarburo.

Estos factores, sumados a los procesos de normalización de la política monetaria del Sistema de Reserva Federal de Estados Unidos, y que aún desconocemos cómo se realizará, ha creado un entorno de alta incertidumbre en los mercados internacionales.

Ante esta hipersensibilidad, cualquier noticia afecta el sentimiento de los grandes capitales y genera una aversión al riesgo de manera general, ocasionando que los inversionistas salgan de la economía emergente y se refugien principalmente en los bonos del Tesoro de Estados Unidos, fortaleciendo así al dólar y depreciando otras monedas, entre ellas el peso.

Pero este entorno adverso internacional encuentra a México en una muy buena posición, toda vez que el país ha gozado de estabilidad macroeconómica durante los últimos 20 años, destacándose los sólidos niveles macroeconómicos que hoy poseemos: el 2015 cerró con un crecimiento económico aproximado a 2.5%, con la inflación más baja de la historia, y, de acuerdo con la última encuesta de Estudios Económicos del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), se estima un crecimiento del PIB de 2.7% para este año.

Cabe mencionar que en la estrategia de manejo disciplinado y prudente de los fundamentales macroeconómicos, ha sido clave contar con un banco central autónomo. En efecto, desde su ley de independencia en 1994 y con la adopción exitosa en el 2001 del Esquema de Objetivos de Inflación para cumplir de manera eficaz con su mandato constitucional de perseverar en la estabilidad de precios, el Banco de México ha ganado enorme credibilidad y confianza.

Además, el Banco de México junto con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), a través de la Comisión de Cambios, han tomado decisiones correctas para mantener un régimen de tipo de cambio flexible, donde las intervenciones discrecionales para guiar un determinado nivel del tipo de cambio son cosa del pasado.

Todo ello nos dice que México posee una condición muy superior a la de otras economías emergentes, pues hay mucha solidez y existen condiciones para atraer inversión.

Sin duda alguna, la situación actual de volatilidad cambiaria puede privilegiar a nuestra economía, sobre todo al norte del país, favorecida por su posición geográfica y el grado de industrialización de la zona.

Hoy México debe capitalizar las fortalezas aquí mencionadas y asumir que somos un destino atractivo debido a los costos de mano de obra, electricidad y otros insumos de origen nacional, factores que captan el interés de los inversionistas extranjeros.

Si bien nuestro país necesita crecer a niveles mayores a 2.7%, estimado para este año por analistas y el IMEF, dicho porcentaje es positivo ante el entorno económico mundial de hoy y por ello debe mantenerse el cuidado de los fundamentales macroeconómicos, mismos que permiten enfrentar los choques externos.

*Presidente nacional del IMEF