La perspectiva para el país en el entorno internacional está mejorando, aunque podría ser mucho mejor si la clase política fuera capaz de lograr acuerdos.

México siempre ha tenido un papel importante, aunque decreciente en los últimos años, dentro de los portafolios de acciones de mercados emergentes junto a China, Brasil, Corea del Sur, Taiwán y Malasia. Sin embargo, a raíz de la crisis financiera del 2008-09, la mayoría de las corredurías habían recomendado subponderar a México y sobreponderar a otros países menos vulnerables a dicha crisis, de manera que la participación de México dentro de los portafolios de inversión disminuyó de manera considerable.

Al cambiar el enfoque de mercados emergentes a sólo América Latina, México también perdió peso con respecto a Brasil de una manera muy significativa durante los últimos cinco años. Sin embargo, el balance de riesgos ha cambiado considerablemente en los últimos 12 meses, reviviendo el interés en México de manera considerable. Durante los últimos meses, algunas de las corredurías internacionales de mayor prestigio han venido recomendando incrementar el peso de México en sus portafolios modelo. La más reciente es JP Morgan.

Por un lado, las expectativas de crecimiento para la economía mexicana, que se fueron debilitando durante buena parte de la segunda mitad del año pasado, se han venido revisando a la alza. Una de las principales razones detrás de este mejor panorama es la recuperación de la economía estadounidense que, finalmente, está dando señales de afianzarse. Asimismo, México ha ganado competitividad en el sector manufacturero frente a sus competidores más importantes, como China.

Dicha renovada competitividad está anclada en cinco factores clave que parecen estar aquí para quedarse: i) la depreciación relativa del peso frente al yuan; ii) la creciente estabilidad macroeconómica; iii) una creciente percepción de que el Estado de Derecho y la protección a la propiedad intelectual son más robustos en México que en China; iv) el capital humano, y v) el alza de los costos de transporte derivado del incremento en los precios de los combustibles.

Esta recuperación del sector manufacturero en México ha contribuido de manera importante a la recuperación del empleo formal y la confianza del consumidor.

Adicionalmente, el crédito al sector privado -principalmente, al consumo y a la pequeña y mediana empresa- ha venido creciendo a tasas muy saludables, dándole un impulso adicional al consumo doméstico y a la inversión.

Mientras esto sucede en México, Brasil atraviesa un proceso de desaceleración muy significativo. Durante el 2011, el PIB creció tan solo 2.7%, su tasa de crecimiento más lenta en los últimos 10 años incluyendo el 2008 y 2009 y la desaceleración es mucho más preocupante si nos concentramos en lo que ocurrió durante la segunda mitad del año.

Durante el tercer trimestre del 2011 el PIB brasileño se contrajo 0.2% y durante el cuarto trimestre el crecimiento fue de tan sólo 1.3 por ciento.

Por otro lado, China anunció un recorte en sus proyecciones de crecimiento económico por primera vez en ocho años, reconociendo que las tasas de crecimiento por arriba de 10% a la que nos tenía acostumbrados no son replicables hacia delante.

El anuncio le ha dado aliento a las voces que vienen pronosticando, desde el 2007, el agotamiento del modelo económico chino y una importante desaceleración de la economía de ese país.

A pesar de la decisión de incrementar la ponderación de México, debido a los factores mencionados arriba, JP Morgan también identifica ciertos riesgos para México.

La firma apunta que las valuaciones de las acciones mexicanas son de las más altas tanto en términos relativos a otros mercados emergentes como en perspectiva histórica.

Un riesgo adicional pero al que tanto JP Morgan como otras corredurías parecen asignarle menor peso es el de la elección presidencial de julio. La percepción de este columnista es que la mayoría de los inversionistas siente que el modelo económico no sufrirá cambios fundamentales, independientemente de quien gane la elección.

La perspectiva para México está mejorando, aunque podría ser mucho mejor si la clase política fuera capaz de lograr acuerdos. Como hemos comentado en este espacio, los principales factores que impulsan el crecimiento económico de un país son tres: el capital, el trabajo y la productividad.

El principal problema de México es que la productividad se ha estancado y que el reciente aumento en la competitividad está más relacionado con factores exógenos que con avances significativos en la parte doméstica.