El pasado miércoles, la agencia calificadora de valores Fitch redujo la calificación soberana a “BBB” desde “BBB+” para la deuda de largo plazo denominada en moneda local y extranjera. La calificadora fundamentó estos cambios en concordancia con el deterioro en el perfil crediticio de Pemex, aunado a la debilidad en las perspectivas macroeconómicas ante las tensiones comerciales e incertidumbre política, económica y fiscal internas

La estimación de crecimiento económico mantendría un rezago, ubicándose en 1% en el 2019.

Por otro lado, la agencia calificadora Moody’s revisó a la baja la perspectiva económica de México a Negativa desde Estable, pero manteniendo la calificación crediticia “A3” para la deuda denominada en moneda local y extranjera.

El comunicado de la agencia enfatizó la debilidad de las políticas económicas que podrían repercutir en un bajo crecimiento y en aumentos al endeudamiento. De igual forma, se abordó la volatilidad en las políticas públicas que ha mermado en la confianza de los inversionistas y las proyecciones de crecimiento de mediano plazo.

Lo anterior, en sintonía con los cambios en el sector energético y la situación actual de Pemex, que impactarían en las proyecciones de las políticas fiscales y desviarían los compromisos iniciales del gobierno de corto plazo de no incrementar el endeudamiento. La calificadora estimó que las asistencias gubernamentales hacia Pemex para cumplir las necesidades financieras podrían resultar en un costo anual entre 1-2% del PIB, hacia los próximos cinco años, en un escenario en donde la empresa sea incapaz de recurrir a los mercados para financiarse.

De acuerdo con Moody’s, se esperaría un año desafiante, con un pronóstico de crecimiento de 1.5% al cierre del 2019. Sin embargo, consideró que la poca claridad en los mensajes gubernamentales continuará permeando en la confianza empresarial y en las proyecciones de inversión. Cabe mencionar que todos estos cambios no hicieron énfasis o integraron la actual tensión comercial entre México y EU.

Tras darse a conocer estos anuncios, el tipo de cambio se depreció 30 centavos, para llegar a 19.85 pesos por dólar en cuestión de minutos, un aumento de 1.56 por ciento. Eventualmente, el peso mexicano se estabilizó en alrededor de 19.75 pesos.

La moneda mexicana ya había resentido el embate de la amenaza de Donald Trump de imponer aranceles generalizados a los productos importados desde México a partir del próximo lunes 10 de junio, aunque esta medida podría postergarse debido a presiones internas. El peso mexicano pasó del 22 de mayo al 6 de junio, de 18.98 a 19.76 pesos por dólar, una depreciación de 3.95% en dos semanas. Debido a que ningún emisor dentro del soberano puede superar la calificación del mismo, se espera una serie de downgrades a todos los emisores mexicanos en las próximas semanas. Éste es el caso de Pemex, cuya nota aplicable a su deuda de largo plazo bajó de “BBB-” a “BB+”, lo que significa que la calificación de la petrolera pasó desde un grado de inversión con una calidad crediticia satisfactoria a un grado de especulación con una calidad crediticia cuestionable y un futuro incierto. Fitch señaló que la perspectiva Negativa sobre Pemex refleja el potencial de deterioro del perfil de crédito de la compañía.

“A pesar de que Pemex ha implementado algunos recortes de gastos y recibido recortes de impuestos del gobierno, la empresa continúa con una inversión insuficiente en sus negocios secundarios, lo que podría llevar a una mayor disminución de su producción y reservas”, señaló la calificadora. Fitch también redujo la calificación de la deuda emitida por la Comisión Federal de Electricidad (CFE), de “BBB+” a “BBB”, revisando la perspectiva de Estable a Negativa.

En los próximos días podremos esperar más recortes en la calificación de emisores mexicanos, con lo que los costos de capital se incrementan para toda la economía mexicana.

*Héctor O. Romero y Armando Rodríguez, Director General y Gerente de Análisis de Signum Research.