La caída histórica de los precios del petróleo a valores negativos es de enorme trascendencia. No solamente por sus implicaciones directas en la economía global y en aquellas que son fuertemente dependientes, pero sobre todo por su dimensión histórica y simbólica.

La caída abrupta sucede en un momento en el que todo se reconfigura. Supone el colapso de un sistema de creencias que durante décadas sostuvo la idea de que el petróleo era sinónimo de la mayor riqueza, abundancia y prosperidad posibles y deseables por la mayoría de los gobernantes.

Si bien es cierto que lo fue para muchos países y que algunos supieron aprovechar la bonanza en sus mejores momentos, otros desperdiciaron cualquier oportunidad de construir una realidad más próspera para su gente. Muchos son los casos en los que los beneficios quedaron siempre en unas cuantas manos siempre cercanas al poder.

El petróleo tiene una larga historia de luces y sombras. En casos como el de Rusia, Irán y Venezuela, ha servido para financiar regímenes autoritarios y dictaduras con distintos matices y desenlaces. Para otros ha significado un motor de transformación radical, pues convirtió desiertos en verdaderos ecosistemas de innovación como es el caso de Emiratos Árabes Unidos. En países como Noruega, ha sido un símbolo de riqueza y prosperidad compartida para todos los ciudadanos.

La codicia por su explotación y control fue motivo de invasiones y guerras que costaron la vida de millones de inocentes, por ejemplo Irak. En pocas palabras, el petróleo se ha utilizado para financiar toda clase de caprichos y excesos de gobernantes en turno. Esto sin dejar de lado el enorme impacto de todos sus derivados en la alteración del clima a nivel global.

En el caso de México, el gobierno actual, como muchos en el pasado, decidieron equivocadamente que la gran palanca de desarrollo fuera totalmente dependiente del petróleo. Caprichos como la refinería de Dos Bocas son ejemplo de una mentalidad obsoleta ante una realidad que se impone para hacernos cambiar de rumbo.

Los planes del gobierno son insostenibles. Primero, porque no tendrán los recursos para ejecutarlos y segundo, porque con la caída de los precios se derrumban todos esos viejos paradigmas que sostenían sus creencias sobre la “verdadera riqueza” y el “futuro de bienestar”. Anclados en un pasado absurdo que se alimenta de la nostalgia nacionalista, fueron incapaces de prever lo que marcará el principio del colapso de la mal llamada Cuarta Transformación.

Lejos de agobiarnos, pensemos que lo que ocurre es una oportunidad para liberarnos de todo aquello que durante décadas nos ha condicionado y ha evitado que alcancemos nuestro máximo potencial. No será fácil ni rápido, incluso será doloroso. Hay países inundados de petróleo que han permanecido en el subdesarrollo, mientras otros de los que no se extrae una sola gota son inmensamente ricos. Dejemos de creer que nuestro futuro está en el petróleo, pues esa ancla mental nos ha detenido durante décadas.

El panorama es muy incierto y aparentemente desolador, pero es hora de darle la vuelta. No podemos buscar respuestas en las mismas preguntas de siempre, ahí están agotadas. Desde nuestra realidad en cuarentena, tenemos que ser mucho más creativos y abrir espacio a la imaginación para ver lo que hasta ahora no hemos visto.

Los retos se multiplican por hora y las herramientas que teníamos no serán suficientes para enfrentarlos. Por eso tenemos que ser absolutamente disruptivos, pensar y repensar a México sacando el petróleo de la ecuación para imaginar y explorar nuevas formas de generar riqueza y compartirla.

Con ojos nuevos debemos reconocer que somos libres para imaginar otra realidad, una en donde de verdad quepamos todos. Millones de familias y empresas están a punto de quebrar por la crisis sanitaria y económica. ¿Cómo podemos ayudarnos unos a otros sin contar con el gobierno? ¿Cómo podemos hacer que la riqueza más grande de México: su gente, su talento, su ingenio, su resiliencia se convierta en el gran motor de una nueva economía colaborativa en una nueva realidad? Por un momento olvidémonos del petróleo y del gobierno para generar soluciones creativas que, en un instante extraordinario como éste, serán nuestra única salida.

Twitter: @armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.