La clase política vive paralizada, no toma decisiones y mientras menos compromisos asuman, mejor para su causa particularísima. Pero tienen que justificar sus enormes dietas.

Entonces, cuando el país enfrenta una dificultad seria que requiere el concurso inmediato de los poderes, la solución es la creación de una comisión, sea legislativa o especial investigadora del Ejecutivo.

Si hay un tema complicado que requiere la toma inmediata de decisiones, lo que surge de nuestros representantes es un fabuloso punto de acuerdo. Un exhorto sin valor que los haga aparecer en la crónica política, pero nada más.

Y si de enfrentar los problemas estructurales del país se trata, entonces la solución es la organización de un foro. Un encuentro de expertos y políticos para repetir cuáles son los problemas y cuáles son las soluciones.

Mientras más rimbombante sea el nombre de la convocatoria, mejores diagnósticos se esperan obtener.

Pero es un hecho, si algo le sobra a la economía mexicana son diagnósticos. México no necesita identificar sus problemas, necesita resolverlos.

Cuando enfrentábamos la peor recesión mundial de los últimos 80 años, el mundo reaccionaba de forma inmediata. A través de gasto, incentivos fiscales, planes de empleo, como sea, pero de forma urgente.

Aquí, nuestro Congreso se dio tiempo de organizarse un foro muy lucidor, con la prioridad de que se notara el sello distintivo de su organizador: el senador priísta Beltrones.

Pensado no para responder con urgencia a la crisis, sino para dejar buena marca en los medios, el foro era tan cursi y desesperante como esto: México, qué hacer para crecer.

Claro que todo el mundo mordió el anzuelo, desperdiciamos mucho tiempo valioso atendiendo un encuentro donde lo que más hubo fueron declaraciones políticas huecas y sin verdaderas intensiones de pasar a la acción.

La parálisis fue y ha sido la marca distintiva del Congreso en estos tiempos de recesión económica.

Hoy, otro aspirante a la Presidencia organiza su propia fiesta de lucimiento personal. En el Estado de México gastan dinero público para volver a sobrediagnosticar la parálisis mexicana.

Los políticos, y más si son priístas, aman los nombres rimbombantes y éste no es la excepción: Foro de Reflexión Compromiso por México. Es como el adelanto del nombre de la campaña del organizador.

Y vaya que Enrique Peña Nieto tiene poder de convocatoria y económico, por su fiesta han desfilado personajes de primer nivel. Pero todos llegan a hacer lo mismo. Desde Paul Krugman hasta exfuncionarios tricolores. Pero todos con las mismas viejas y conocidas conclusiones.

Una buena prueba de cómo los foros son buenos lugares para hablar, pero lejanos de la toma de decisiones, nos la dieron los tres exsecretarios de Hacienda de los últimos gobiernos: Pedro Aspe, Guillermo Ortiz y Francisco Gil.

Tres exfuncionarios, que en su momento fueron poderosísimos secretarios de Hacienda, hoy hablan de la conveniencia de abrir el sector petrolero a la inversión privada, pero que en su momento pasaron por sus cargos calladitos con sus ideas revolucionarias de ahora.

Basta de foros. Estos políticos tan influyentes como Beltrones o Peña podrían usar la mitad de los recursos y el doble de su influencia para que toda la palabrería se convierta en acciones concretas en el Congreso y en los estados donde gobiernan.

La primera piedra

Y finalmente Hugo Chávez lo hizo: expropió la empresa Monaca, subsidiaria de Gruma en Venezuela. Ese régimen está desesperado. La inflación se está devorando el poder de compra. La escasez provocada por las aberraciones económicas de su gobierno y las patadas de ahogado han cobrado otra víctima mexicana.

Maseca sabía del riesgo. Había visto cómo otras empresas mexicanas y de otros países enfrentaban el autoritarismo de Chávez. Por eso ahora, que su gobierno ha decidido quedarse por la mala con esa empresa, lo justo es que indemnice de forma adecuada a sus propietarios.

El gobierno mexicano debería pronunciarse en favor de Gruma. Y el gobierno Venezolano debería iniciar cuanto antes un proceso de compensación económica para los expropiados.

No podrían permitirle a Chávez que arrebate el patrimonio de una empresa sin que pase nada. Ojalá el gobierno de Caracas no se equivoque y si lo hace, ojalá que el gobierno mexicano no los abandone.