México está caliente. La violencia no ha cesado ni disminuido en muchos estados de la República que viven bajo el flagelo del crimen organizado. En días recientes, Michoacán ha acaparado toda la atención, recordándonos que cuando el gobierno no actúa eficazmente, en la lucha por sobrevivir las personas generan sus propios medios para defenderse. El problema es que puede resultar más grave el remedio que la enfermedad.

La prioridad del gobierno debe ser una: garantizar la seguridad de todos los ciudadanos; para ello tiene el monopolio del uso de la fuerza pública. El problema es que cuando no existe confianza entre los distintos órdenes de gobierno, quienes deberían tomar decisiones se preocupan más por señalar responsables que por asumir la propia responsabilidad.

Michoacán es una muestra de lo grave que es el problema y lo vulnerable que puede ser no sólo un gobierno local sino el estado mexicano cuando no se ataca el problema de manera estratégica y de raíz. En estos días, la simulación ya no es opción ni para los gobiernos ni para los ciudadanos. Por eso surgen las autodefensas, con todas las consecuencias buenas o malas que aún estamos por ver.

El nombramiento de un comisionado para atender el conflicto armado de Michoacán refleja el sentido de urgencia del gobierno federal. Sin embargo, esta decisión no debe inhibir las responsabilidades del gobierno estatal y los gobiernos locales.

Se requiere de una nueva estrategia de comunicación y coordinación para asegurar resultados en el corto plazo que den certidumbre a los ciudadanos y permitan recuperar el territorio que hoy está en manos de distintos grupos.

Si bien es cierto que el gobierno federal puede contener la violencia, el tejido social y la paz en el mediano y largo plazo sólo se podrán reconstruir con la acción coordinada entre sociedad civil y gobiernos locales. Resulta indispensable e impostergable la participación de todos: ciudadanos, medios de comunicación y empresarios.

Además de actuar con fuerza y eficacia, el gobierno tiene que recuperar la confianza de los ciudadanos demostrando voluntad política para poder gobernar. Los ciudadanos debemos exigir información y transparencia para hacer la parte que nos toca. Es cierto que el gobierno está obligado a ser efectivo; por eso, Michoacán tiene que ser la excepción y no en la regla. Hoy el riesgo es que el fenómeno de violencia en Tierra Caliente termine calentando más a todo el país.

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