A principios de esta semana, Jim O’Neill, presidente del Consejo de Administración de Fondos de Goldman Sachs, acaparó los titulares económicos y financieros en nuestro país por sus comentarios en una ponencia durante el foro Mexico Week en Londres.

En dicha ponencia, O’Neill argumentó que México debería convertirse en la séptima economía más grande del mundo para el 2020. O’Neill es ampliamente conocido en el medio financiero por haber inventado la sigla BRICS en el 2001. O’Neill utilizó esta sigla para hacer referencia a cuatro países emergentes -Brasil, Rusia, India y China– cuyas economías deberían ser, para el 2050, superiores en tamaño a las que en ese momento componían el G-7.

El pronóstico de O’Neill va por buen camino; de acuerdo con datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), China es la segunda economía más grande del mundo mientras que India, Rusia y Brasil ocupan los puestos tres, seis y siete en el escalafón.

De acuerdo con el FMI, México es actualmente la economía número 11 del mundo, casi el mismo lugar que hace 30 años, detrás de Italia en el sitio 10; Francia, en el lugar número nueve; Reino Unido, en el octavo puesto y, Brasil, que ocupa el lugar siete.

Dada la complicadísima situación que enfrenta Europa -en el mejor de los casos el continente enfrenta un lustro de crecimientos muy bajos-, México podría saltar a Italia, Francia y Reino Unido, manteniendo una tasa de crecimiento cercana a 5% anual, lo cual luce complicado pero no imposible.

Alcanzar a Brasil en el puesto siete requeriría de un crecimiento más acelerado y/o que la desaceleración actual en Brasil -a niveles de crecimiento anual por debajo de 3%- se prolongara o se agudizara.

Ésta no es la primera vez que O’Neill señala a México como una economía con gran potencial. En una nota publicada en el 2005, el ejecutivo de Goldman Sachs indicaba que tanto México como Corea del Sur contaban con el potencial suficiente para unirse a los BRICS.

Más recientemente, en enero de este año, O’Neill expresó que México debería de ser un beneficiario natural del cambio de paradigma económico en China, heredando parte importante de la fortuna manufacturera de ese país. Para O’Neill, los días de China como el productor de valor agregado a menor costo han quedado atrás .

Las palabras de O’Neill parecen tomar aún mayor fuerza después del reciente anuncio de incrementos salariales en China que enfatizan la tendencia de costos incrementales en ese país.

En la actualidad, la mano de obra china es cada vez menos competitiva, los costos de transporte son cada vez más prohibitivos – ante el alza de los precios de los combustibles – y la protección a la propiedad intelectual es cada vez más estratégica.

En este entorno, México debería convertirse en la central manufacturera para el mercado estadounidense. México ofrece un entorno macroeconómico sumamente estable, un marco regulatorio amigable a la Inversión Extranjera Directa (IED), una situación geográfica privilegiada y un gran mercado doméstico cuyo poder adquisitivo está creciendo de manera paulatina –aunque debería crecer más rápido.

México tiene casi todo para crecer a las tasas necesarias para convertirse en una de las siete u ocho economías más grandes del mundo. Los principales factores que impulsan el crecimiento económico de un país son tres: el capital, el trabajo y la productividad.

México está gozando, desde hace más de una década, de un bono demográfico que nos dota de un fuerte crecimiento en la fuerza laboral, mientras que el capital también ha crecido de manera constante gracias al fuerte incremento del ahorro interno y la relativa estabilidad de la IED.

El principal problema de México es que la productividad lleva dos décadas estancada. Este estancamiento es criminal y se lo debemos a un marco regulatorio viciado y anacrónico en varios sectores clave, que fomenta la búsqueda de rentas en lugar de la competencia.

Si México quiere convertirse en potencia económica, la productividad tiene que mejorar y nuestra clase política tiene que entender que es necesario llevar a cabo reformas que seguramente vulnerarán los intereses de algunos grupos de poder.

Se podría empezar por la reforma laboral, de lo contrario, casi la mitad de los aproximadamente 45 millones de mexicanos que se incorporarán a la fuerza laboral de aquí al 2020 no contará con un empleo formal, así sería imposible ser una de las siete u ocho potencias económicas a nivel global.