La juventud mexicana es la que menos confía en sus instituciones; sólo los griegos tienen menos fe en el futuro de su país que nosotros: World Youth 2011.

La juventud mexicana es la campeona mundial de la desconfianza. No es que haya un torneo para competir por ese título. Lo que sí hay es un estudio mundial comparativo sobre la juventud. Lo acaba de publicar la Fundación para la Innovación Política, con sede en París. Young mexicans: widespread distrust , dice el breve apartado dedicado a los mexicanos que tienen entre 16 y 29 años. La desconfianza generalizada los define: sólo 14% de ellos confía en el gobierno. Apenas 16% en el Congreso; 17% en la policía y 19% en el Poder Judicial. A nosotros puede parecernos que es normal ese nivel de desconfianza, pero es extraordinariamente alto en comparación con otros países. De los jóvenes chinos o indios, 71% confía en su gobierno; 60% de los israelíes; 45% de los turcos y 35% de los brasileños.

¿Por qué preocuparnos por la confianza? Este atributo es fundamental para el desarrollo de una sociedad, demostró Francis Fukuyama con su libro Trust. La confianza hace la diferencia entre las sociedades desarrolladas y las subdesarrolladas. Las sociedades con altos niveles de confianza tienen la capacidad de construir relaciones sólidas fuera de las estructuras familiares. Estos vínculos son fundamentales para hacer empresas que trasciendan. La desconfianza implica agregar uno o más grados de dificultad a las relaciones sociales. Las encarece y las entorpece.

Un optimista inventó un avión. A un pesimista le debemos el paracaídas, afirma un sabio refrán. Si esto es cierto, en México tendremos una generación de innovadores en paracaídas. A la aseveración: Mi país tiene un brillante futuro , sólo 23% contestó sí. Por eso, más de 40% comenta que le gustaría vivir en otro país, a pesar de que la inmensa mayoría (78%) considera que tiene fuertes vínculos con la sociedad y cultura nacional. ¿Alguien duda de que se necesita trabajar en serio con los jóvenes? No sólo se trata de inculcarles el valor a México en clases de neocivismo, sino de generar para ellos las oportunidades que ahora escasean. Sólo en Francia, Grecia, Italia y España hubo un porcentaje más bajo de respuestas negativas respecto de la fe en el futuro de su país. El ranking del optimismo juvenil está encabezado por India y China. Brasil y Rusia no están lejos. ¿Será que ser parte del BRIC genera algo contagioso?

A los jóvenes mexicanos no les gusta el futuro que ven para su país, pero tampoco el tiempo que les tocó vivir. Sólo 30% está contento con su época. En todo el mundo, sólo los griegos están más a disgusto. Mexicanos y griegos están muy lejos de los jóvenes de India, Polonia y Suecia. Allá, más de 75% de los jóvenes se considera muy afortunado por los tiempos que les tocó vivir.

No hay nada que reprochar a nuestra juventud y sí mucho que reflexionar. Una sociedad que no se interesa en sus jóvenes está condenada a pagar un alto precio, dice Dominique Reynié, coordinador del estudio 2011 de World Youth. Están en puerta fuertes conflictos generacionales sobre pensiones, migración y asuntos morales, anticipa Reynié. Estos conflictos son parte de un futuro que está tocando la puerta, aunque sea en otras casas: los indignados españoles que tomaron las plazas de España o los rebeldes árabes que derrocaron las dictaduras de Egipto y Siria. ¿Qué forma tomará la inconformidad de nuestros jóvenes? No se trata de imaginarlo, sino de abrir los ojos.

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