Otra vez se cayó la operación de Mexicana de Aviación. Pero ¿no será que en esta ocasión fue la verborrea de las campañas políticas la que se encargó de arruinar el enésimo arreglo de la aerolínea?

No son pocos los que han visto con suspicacia la participación de Tenedora K en toda esta telenovela de Mexicana de Aviación.

Primero porque a la vista quedó el plan de esta empresa y sus socios de liquidar a todos los sobrecargos pero sin respetarles su contrato colectivo, sino simplemente aplicando los requisitos mínimos planteados por la Ley Federal del Trabajo.

Y no sólo eso, sino que del total de los sobrecargos mal liquidados solamente planteaban contratar a 25% en condiciones inferiores al trabajo que ya tenían.

Cuando Tenedora K negoció con los anteriores dueños la compra de las acciones, reservaron 5% de las acciones para el sindicato de pilotos, que finalmente representa a los empleados altamente especializados más necesarios para la operación.

Pero hubo algo más que se encargó de tirar el negocio redondo que planteaba Tenedora K.

A la par que querían limpiar muy barato el pasivo laboral, plantearon la condición de obtener la renovación de la concesión de los locales comerciales de la Terminal 1 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

En ese momento, el que les puso un alto definitivo a sus intensiones fue el entonces secretario del Trabajo, Javier Lozano Alarcón, ante la siempre inexplicable ausencia en los temas importantes del sector de telecomunicaciones del titular de la SCT, Juan Molinar.

Se cayó la operación, pero Tenedora K ya tenía en su poder 95% de las acciones de Nuevo Grupo Aeronáutico, propietaria de Mexicana, Click y Link, por las que había pagado 1,000 pesos.

El problema no es que hoy haya intentado vender ese mismo paquete accionario, 20 meses después, en 9 millones de pesos a Med Atlántica, porque al final durante el tiempo que tuvo control de la empresa, y que ésta no operó, seguro que se generaron gastos que hay que cubrir. Además de que siempre hubo el temor de que esta compañía podría cascar las acciones.

El verdadero tema es que no hay que descartar que la demagogia o las definiciones profundas del candidato priísta a la Presidencia, Enrique Peña Nieto, pueden constituir un ruido innecesario en el momento menos adecuado.

No es poca cosa que el puntero en las preferencias electorales a menos de 80 días de las elecciones lance el desafortunado mensaje de que el gobierno debería rescatar a Mexicana de Aviación.

No hay una sola razón ni política, ni financiera, ni técnica, ni de mercado para pensar en que es conveniente invertir dinero de todos los mexicanos para rescatar de la quiebra a una empresa que utiliza un porcentaje muy bajo de personas que tienen la capacidad de comprar un boleto de avión.

Pero Peña Nieto piensa que sí, que es bueno rescatar a Mexicana, pues sería grave –dijo- que por ineficiencias dejara de operar, pues se trata de una empresa de gran tradición dentro de la aviación comercial del país.

Esta definición de que el peor de los populismos financieros amenaza con regresar al poder es muy definitorio de esta oferta, pero además de ello mete un ruido totalmente innecesario en el proceso.

Cualquier empresario con dos dedos de ambición que posea las acciones de esta empresa y que haya escuchado esto, sin duda que guarda con siete llaves las acciones de la empresa hasta el siguiente sexenio para esperar el rescate prometido.

La última declaración conocida de Tenedora K sobre Med Atlántica fue un a la goma con ellos .

Lo cierto es que una declaración al calor de las campañas mete un ruido de altos decibeles en una negociación muy frágil.

Hoy es ya muy difícil saber qué puede pasar con Mexicana de Aviación, cuando la política partidista mete sus manos lodosas en un tema meramente empresarial.

La primera piedra

Dicen los abogados que lo que no suena lógico, suena metálico. Pero el Plan Parcial de Desarrollo Urbano en Santa Fe, aprobado a la mala en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal suena, además, político.

Y es que por donde se le vea, este plan carece del más mínimo sentido común.

Este plan, defendido a capa y espada por el bejaranista Leonel Luna, casualmente candidato a delegado en Álvaro Obregón, plantea entre otras cosas construir 5,400 viviendas en un área verde donde no hay agua, drenaje, vialidades, donde la densidad poblacional ya es muy alta.

Por eso, donde la lógica está ausente, vale la pena preguntar ¿qué mueve a los diputados promotores de este gran negocio?