Tijuana, Baja California. El sábado pasado, millones de personas en todo el mundo pudimos confirmar algo que ya sospechábamos: toda vez que se hable de futbol, Barcelona es dios y Messi su profeta...

Porque la final de la Liga Europea de Campeones fue un espectáculo fuera de serie en que una maquinaria perfecta aplastó a un equipo extraordinario que, todos suponíamos, se encontraba a su misma altura.

Y en esa fiesta brilló la gran estrella argentina Lionel Messi, igual que brillaron la defensa y la media y la delantera catalanas; aunque justo es decir que por sobre todas las cosas el estelar de esa noche se lo llevó el sistema de juego y el rigor y calidad con que fue puesto en práctica por cada uno de los jugadores del Barsa.

Sería el momento o las cervezas, pero esa contundente muestra de superioridad me llevó a trazar algunos paralelismos entre las causas de la grandeza del Barcelona y la vivienda mexicana...

Pensé... Detrás del éxito del equipo de Josep Guardiola se encuentran objetivos muy claros, prioridades, conceptos y filosofías; condiciones, todas, que permiten establecer un plan de juego que, tomando estas fortalezas y haciéndolas convivir con las externalidades que marcan las características de cada torneo, de sus rivales, de climas y características de las diferentes canchas, permiten hacer rendir al máximo una poderosa maquinaria.

En estricta justicia, ¿podemos decir que el sector vivienda mexicano contaría con fortalezas equivalentes?

¿Cuenta con un estilo de juego contundente y bien definido y con esquemas que permitan operar teniéndolo como base?

¿Tiene objetivos claros y una formación y sistema que hagan factible cumplirlo?

Por principio, hay que decir que el gran problema nacional es la multiplicidad de objetivos faltos de coordinación e, incluso, abiertamente opuestos entre sí, cuando toda actividad productiva y acción de gobierno tendrían que estar alineadas en función de cumplir un gran y único objetivo común, un objetivo nacional, que se haga viable a partir de la suma de cada uno de esos pequeños miniobjetivos particulares.

Porque si el gran objetivo nacional, como lo han dicho en los mas altos niveles del gobierno federal, es ubicar a nuestro país entre las cinco mayores economías del mundo, ése es su destino histórico , se han incluso aventurado a decir; sería importante saber si existe ya un plan maestro que no deje un objetivo de tal importancia en manos del destino y trace la ruta crítica que coordine todo aquello que se requieren atender para alcanzar una meta de ese tamaño.

Estar entre las cinco mayores economías del mundo... ¿Fácil, no? Habría que entender que el reto es monumental y que, en forma indirecta implica, por ejemplo, contar con una legislación laboral vanguardista y promotora de la inversión, con sistemas educativos y de salud de excelencia, redes carreteras y ferroviarias de clase mundial... En resumen, México tendría que ser un país en que cada sector productivo y toda instancia pública se encuentren entre las primeras cinco a nivel mundial...

En materia de vivienda se necesitaría definir con toda claridad que el ordenamiento territorial es factor fundamental para lograr que nuestro país se convierta en potencia mundial y que hacer eso posible implica la suma de esfuerzos coordinados de todo tipo de instancias.

Y ahora al revés: ¿qué hace falta para contar con estrategias de ordenamiento territorial, vivienda, transporte público e infraestructura, que se encuentren entre las cinco mas avanzadas a nivel mundial?

Por principio, haría falta hacer coincidir estos objetivos y las acciones y estrategias que conllevan, con aquel de ubicar a México entre las cinco mayores economías del mundo.

Sería necesario definir objetivos específicos, sumar y coordinar esfuerzos de instancias públicas y privadas, adecuar el entorno regulatorio y la estructura del Estado y dar forma y hacer cumplir un nuevo sistema de juego .

Porque el hecho es que no sólo se mantiene un muy importante rezago cualitativo y cuantitativo en materia de vivienda, sino que año con año el mismo crece a un ritmo que marcan el desarrollo y movilidad demográficos y la obsolescencia del parque habitacional, dando con ello un contundente sí como respuesta a una pregunta fundamental: ¿sigue habiendo demanda?

¿Quinta economía del mundo? Por qué no; pero con base en un país más justo, con mayor calidad de vida y ciudadanos más felices... Por qué no...

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