Angela Merkel intuye que la Unión Europea también puede ser víctima mortal del coronavirus.

El que fuera el modelo político más exitoso del siglo XX, presenta síntomas graves de indolencia, similares a los que dejó ver en la crisis económica del 2008. Durante algunas horas o quizá días, las decisiones políticas de Grecia se tomaron en control remoto desde Bruselas; una de las víctimas fue Yanis Varoufakis. Alexis Tsipras llegó al poder con un plan económico e ideológico distinto al que ejerció posterior al sismo económico. El primer ministro tuvo que entregar a Bruselas la cabeza de su ministro de Finanzas, Varoufakis, con tal de recibir un préstamo.

John Kenneth Galbraith aseguraba que la economía es una rama de la política.

Merkel y Macron acordaron el lunes que la Unión Europea ponga sobre las mesas de los países más afectados por el nuevo coronavirus 500,000 millones de euros. La diferencia con el caso griego consiste en que no se trata de préstamos sino de transferencias no reembolsables por los países beneficiados. Bajo la premisa racional de que los desayunos gratis no existen, el dinero tendrá que ser aportado por los 27 países a través del presupuesto comunitario.

Si bien es cierto que el acuerdo entre Merkel y Macron tendrá que ser votado por los 27 congresos de los países miembros de la Unión Europea, el paso realizado por la canciller alemana tendrá que ser recordado entre los hitos vitales de la zona europea.

Macron y Merkel lograron concatenar necesidades y deseos del sur y norte de Europa: Francia, Italia y España son los tres países comunitarios más perjudicados por el coronavirus; necesitan más transferencias financieras.

Alemania, Países Bajos y Austria desean que las deudas de cada país no se mutualicen a través de eurobonos.

Las palabras de Giuseppe Conte, primer ministro italiano, dirigidas a la Unión Europea el pasado 19 de abril movieron los cimientos del ente supranacional: “Surge en el momento en el que nos sentimos abandonados precisamente por los países que se benefician de esta unión”. El italiano respondía al mensaje que días antes envió Wope Hoekstra, ministro de Finanzas holandés. Indicó que la Comisión Europea tendría que investigar a los países que “no habían reformado sus economías” durante los últimos años para tener reservas suficientes para mitigar la crisis de la pandemia.

Conte recordó en entrevista al periódico Süddeutsche Zeitung que Alemania prohibió las exportaciones de material médico: cubrebocas, guantes y trajes protectores. A los Países Bajos le dedicó también una crítica: “Mire el espejo de Holanda, cuyo dumping fiscal atrae a miles de multinacionales, que trasladan allí sus sedes, y obtienen un flujo de ingresos fiscales sustraídos de otros socios de la Unión Europea: 9,000 millones de euros cada año, según análisis de Tax Justice Network”.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, palideció ante el fuego cruzado entre Italia y los Países Bajos. El terreno geopolítico estaba listo para que China arrimara su hombro a Italia. Lo hizo.

Desde el 12 de marzo, China envió a Italia a un equipo médico de nueve personas para ayudar a contener la propagación del virus. Once días después, Rusia y Cuba también enviaron ayudas al país europeo.

Merkel se fue dando cuenta que hablar de eurobonos sobre un tablero geopolítico es un evento marginal si se toma en cuenta que lo que está en juego es la evolución de la Unión Europea.

Así se lo advirtió Emmanuel Macron.

Fue hasta el pasado lunes cuando la canciller alemana cambió de opinión al encontrar un punto intermedio entre los eurobonos y las transferencias sin reembolso: hacer crecer el pastel presupuestario de la Unión Europea partiendo de la crisis del nuevo coronavirus.

Ursula von der Layen, respira.

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.