Ni el desgaste de 12 años al frente del gobierno, ni la crisis de los refugiados paran a la Canciller.

“La Alemania moderna demostró que es posible conseguir con política lo que antes demandaba guerra”. Lo escribe Paul Lever, exembajador británico en Alemania.

La cuarta victoria electoral de Angela Merkel es importante por dos motivos: logra amortiguar el desgaste natural de 12 años de gobierno y sortea las amenazas que se han atravesado en su carrera política durante los últimos tres años: la crisis humanitaria de los refugiados, el Brexit y la victoria de Donald Trump.

Al otro lado de la moneda de su victoria se encuentra el ascenso de un partido neonazi (Alternativa para Alemania), cuyo laboratorio, Europeos Patriotas contra la Islamización

Angela Merkel ha demostrado lo que Friedrich List hizo en 1841, imponer y vivir de un paradigma. El considerado padre de la ciencia económica alemana escribió: “El poder de producir riqueza es por tanto infinitamente más importante que la riqueza misma”. En el siglo XXI la capacidad industrial alemana representa 23% de su economía; casi el doble de Estados Unidos (12%) y Gran Bretaña (10 por ciento). De la fuerza laboral alemana, 19% se ubica en las industrias mientras que en Estados Unidos y Gran Bretaña lo son 10 y 9%, respectivamente. La teoría de la ventaja comparativa nunca fue bien acogida por los alemanes.

Merkel ha impuesto su agenda monetaria a 18 países que utilizan el euro, y su agenda comercial a 27 naciones comunitarias. Criticada por franceses y odiada por griegos, la Canciller ha llevado su visión económica a las instituciones europeas: austeridad, austeridad y austeridad, su fórmula. Merkel, como todos los políticos alemanes, no requieren ser adoctrinados por Milton Friedman en materia de inflación. La personalidad actual de institución emblemática, el Bundesbank, es resultado de los aprendizajes que le dejaron la hiperinflación de la década de 1929 y el colapso económico de la postguerra en 1945-1948.

Como lo escribe Robert Skidlsky, miembro de la Cámara de los Lores de Gran Bretaña y profesor emérito de Economía Política en la Universidad de Warwick: “la Unión Europea es dirigida por medio de instituciones, pero las instituciones las dirige el gobierno alemán” (La Vanguardia, 25 de septiembre). Merkel tomó la batuta de las instituciones europeas a pesar de Hollande, Sarkozy, Cameron, Brown y Blair.

El final de la guerra dio a luz la estabilidad: Konrad Adenauer, 14 años como primer ministro; Helmut Kohl, 16 años. Merkel podría cumplir 16 en caso de que forme gobierno en los próximos meses y lo concluya.

Vendrán momentos complejos para Merkel, en particular, el ingreso de Alternativa para Alemania en el Bundestag (Parlamento); en el ámbito europeo, tendrá que negociar con Emmanuel Macron las reformas urgentes de la Unión Europea, sin ellas, las instituciones no aguantarán los embates de Donald Trump. El presidente de Estados Unidos se convierte en el tercer reto de Merkel. Su mala relación nace de dos divergencias: etnocentrismo (Trump) en contra del geocentrismo (Merkel). La segunda divergencia es el machismo de Trump. No tolera que una mujer mueva a Europa.

Paul Lever tiene razón. Alemania consigue con la política lo que antes se lograba con la guerra. Merkel consigue con su liderazgo una Europa alemana.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

Lee más de este autor