Una de las consecuencias de la crisis que empezó en el 2007, se agudizó en el 2008 y a la cual no se le ve término por más que se insista en ello, es la gigantesca volatilidad de las variables financieras a partir del shock. En esta entrega queremos indicar lo que ha sucedido con la tasa de interés en Estados Unidos y en México con una referencia a Europa.

Para evitar un completo colapso del sistema financiero a raíz de la quiebra de Lehman en el 2008, la Reserva Federal decidió inundar de liquidez el mercado de bonos y comprar bonos chatarra de las compañías en problemas. Dada la enorme deuda de Estados Unidos, varios analistas, economistas y en general todas las personas con tendencias antikey­nesianas predijeron que las tasas de interés que el gobierno de Estados Unidos tendría que ofrecer en un año se irían a las nubes.

Esta opinión se agudizó cuando la Reserva Federal (Fed) decidió añadir todavía más liquidez al mercado en el llamado QE2.

Hubo gritos de alarma de que el mundo se encaminaba a una catástrofe inflacionaria. De hecho, las tasas empezaron a bajar en forma rápida por la sencilla razón de que aunque se había inyectado liquidez, el desempleo era tan alto, la contracción económica había sido brutal y ni los hogares ni las compañías gastaban un dólar. Los primeros porque debían 100% de su ingreso y deseaban disminuir su deuda.

Las segundas porque al no existir demanda, no deseaban invertir y sí aumentar su caja. El hecho de que un sector mayoritario de los economistas no haya entendido que hay inflación sólo si hay circulación de dinero ha dejado malparada a la profesión.

MANTIENE RITMO

La tendencia a la baja ha continuado en Estados Unidos por una importante razón: debido a la crisis en Europa, donde la política y, casi parece obvio decirlo, la increíble incapacidad de los gobiernos y banqueros para afrontar la crisis ha creado una situación de emergencia y todos buscan refugio en mercados relativamente seguros, mucho del dinero se ha trasladado a Estados Unidos. Éste es el único mercado con profundidad que puede absorber dinero.

Por lo mismo, al haber demanda de bonos del Tesoro, la tasa se ha colapsado al punto de ofrecer rendimientos reales negativo (o sea, el inversionista paga por su seguridad) a plazos aún mayores a 10 años. La tasa real es aquella que resulta de restar la inflación anual a la tasa nominal.

Hay economistas que siguen argumentando que esto es absurdo. El hecho que las teorías no incluyen lo que todo mundo sabe: que el Tesoro americano es el riesgo cero. Esto no se debe interpretar en forma absoluta, sino significando que si el gobierno de EU no redimiera sus bonos en dólares, todo el sistema financiero, económico y productivo mundial se colapsaría.

Hasta la fecha, aunque la economía estadounidense se ha recuperado de su caída en el 2009, no llega a los niveles del 2006 ni de lejos, aunque comparado con lo que sucede en Grecia, España y la Gran Bretaña luce dinámica.

El desempleo sigue arriba de 8%, causando el insomnio de Obama, la producción no consigue despegar, el desapalancamiento (pago de deudas) sigue lento y aunque el mercado hipotecario se está animando, no se ve por los próximos años síntomas de presiones inflacionarias y subida de tasas. Tanto es así que la Fed ya anunció que mantendrá baja su tasa de préstamo interbancaria casi en cero hasta el 2014.

BONOS GUBERNAMENTALES

Lo que sucede en Estados Unidos ha provocado, entre otros, un fenómeno que afecta a nuestro país, debido a que las tasas en México son mayores y el peso es estable.

Una gran cantidad de recursos se ha trasladado a México tanto de Estados Unidos como de Europa para ser invertida en el mercado de bonos gubernamentales. En efecto, más de un cuarto de la deuda gubernamental ha sido colocada con extranjeros, especialmente grandes fondos de inversión, como Pimco.

Esto ha provocado una baja de tasas notable en México y un diferencial muy bajo entre bonos a corto y largo plazo (10 años), lo que implica un problema para los fondos y afores en pesos, pues el rendimiento muchas veces no compensa el riesgo incurrido.

Por ello, las compañías con un buen crédito emiten bonos y acciones con una sobretasa arriba del interés gubernamental, ya que el mercado está ávido de buenos instrumentos de inversión.

Mucho del dinero que se canalizó a la compra de bonos permanecerá en México por un plazo sustancial, pues la crisis global llegó para quedarse por varios años más.

Esperemos que se aproveche esta oportunidad mediante un control seguro y firme de las variables macroeconómicas, como hasta ahora ha ocurrido, y que en el cambio de gobierno se mantenga la filosofía y el manejo que en estos años han dado buenos resultados.

*Esteban Martina es doctor en Física en la UNAM. Su interés principal ha sido la valuación y análisis de riesgo de activos financieros, especialmente opciones y otros derivados. Actualmente es socio director de PRO Consulting.

Comentarios y sugerencias en: [email protected]