Barack Obama ha sido el Presidente del desempleo. Desde que llegó a la Casa Blanca, los niveles de ocupación de Estados Unidos entraron en un deterioro muy marcado.

Y más que las malas decisiones que ha podido tomar el demócrata desde la Oficina Oval, lo que le pasó a Obama es que se subió al tren del poder cuando éste iba a 150 kilómetros por hora, de bajada y sin frenos.

Y claro que lo sabía. Tanto, que justamente jugó con las esperanzas de los votantes para venderse como la solución. Yes we can , gritaba el afroamericano en sus mítines a millones de estadounidenses que veían amenazados sus puestos de trabajo, sus casas y sus ingresos, y que optaron por aferrase a su promesa.

Cuando Barack Obama se convirtió en Presidente, la economía estadounidense ya estaba en recesión. Una de las más largas que ha sufrido. Desde diciembre del 2007 hasta junio del 2009, el país más poderoso del mundo estuvo en los terrenos negativos de la que hoy se conoce como la Gran Recesión.

Para los primeros días de enero en que Obama se mudaba a la Casa Blanca, los niveles de desempleo se disparaban arriba de 8 por ciento.

Durante ese terrible 2009, el primero de Obama como Presidente, la economía estadounidense perdió más de 4 millones 800,000 empleos. Y si bien desde el inicio del 2010 se dejaron de perder plazas laborales, su tasa de recuperación no ha sido lo suficientemente rápida como para paliar los efectos de la gran crisis.

Y si bien hay la conciencia de que la recesión no fue producto de la llegada de Obama al poder, sí hay un reclamo social por su inacción desde la silla presidencial. Hay un sentimiento negativo por el hecho de haber prometido tanto y cumplido tan poco.

Allá, como acá le ha pasado al gobierno en la última década, la oposición se ha dedicado a bloquear las iniciativas más importantes de los demócratas como una forma de presionar su salida del poder.

Pero también es cierto que cuando más poder tuvo y cuando sus bonos estaban en la parte más alta, desperdició toda esa pólvora con un asunto más cargado de símbolos políticos que de soluciones urgentes al problema.

Barack Obama desperdició todo su capital político en una desgastante negociación para cambiar el sistema de salud de su país. Al final, el cambio es frágil ante las intensiones republicanas de regresar las cosas a su punto inicial.

Todo ese tiempo y poder que usó Obama para cambiar el Medicare y Medicaid le hizo falta para otras decisiones estructurales propias de una situación de emergencia.

Por eso, hoy que la tasa de desocupación en EU sorprende al mercado en enero, con una baja hasta 8.3% y la creación de casi un cuarto de millón de empleos y, de pilón, un aumento en los salarios, pues el aspirante a la reelección sonríe y recobra su fuerza.

Obama no había visto una tasa de desocupación en estos niveles prácticamente en toda su presidencia. Por eso es que hoy el que se encarga de dar el anuncio y el discurso es el propio Presidente, porque sabe que ése es su boleto para conservar su propia chamba.

Y vámonos otra vez a la comparación con México: cuando acá hay un dato positivo del empleo, el encargado de darlo a conocer es el presidente Calderón. Incluso, en las épocas en las que Cordero y Lozano eran secretarios de Hacienda y Trabajo, convocaban a conferencia de prensa para detallar el dato de creación de empleos ante el IMSS que, claro, minutos antes lo había anunciado su jefe.

Pero cuando el dato no es tan alentador, como en los despidos de diciembre, pues simplemente se emite un tímido boletín, preferentemente un viernes por la tarde.

Para Barack Obama, presidente de Estados Unidos y candidato demócrata a quedarse en el puesto, no hay mejor noticia que la mejora en el terreno laboral.

Si la tasa mantiene este ritmo, incluso uno menor pero positivo, Obama no dejará de alardear sobre la recuperación económica estadounidense. Y si un día llegara a bajar la creación de empleos, pues ahí estará Europa para echarle la culpa.

Claro que los republicanos para todo tienen una respuesta y hoy aseguran que esa recuperación de empleos que está viendo Estados Unidos sería mucho mayor..., si Barack Obama no fuera Presidente.