Una de las más lamentables tradiciones de los pronósticos económicos durante este sexenio es la revisión a la baja de la estimación de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mexicano. Desde el 2013 y a la fecha no hay un solo vaticinio del comportamiento de la economía mexicana que no haya sido revisado a la baja.

Sólo que las estimaciones del PIB para este 2017 no solamente empiezan a revisarse a la baja, hasta terrenos ya cercanos al estancamiento, sino que ahora también hay reconsideraciones drásticas de otras variables tan importantes como la inflación o el costo del dinero.

Muchas de las revisiones previas del comportamiento económico tuvieron que ver con factores internos, como la entrada en vigor del paquetazo fiscal en el 2014. Un año antes, el crecimiento se vio influido por la curva de aprendizaje del gobierno entrante.

Ha habido otras revisiones que tienen que ver con la baja en el ritmo del crecimiento mundial, pero este año el mundo parece tener una mejor cara económica y México ha tomado el sentido contrario.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha bajado su estimación de crecimiento este año a 1.7%, lo que confirma que estos niveles inferiores a 2% se establecen, por ahora, como la expectativa más probable en un año que inicia con gran incertidumbre.

No será posible tener un pronóstico que realmente valga, que pueda aproximarse a la realidad, hasta que no tengamos conocimiento de cuáles serán las políticas del gobierno de Donald Trump sobre México.

Todo cuenta, desde el muro fronterizo, que verá su primera piedra en unos cuantos días, hasta la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Lo cierto es que por ahora, lo que más priva es el pesimismo, y si la economía mexicana no va a crecer a los niveles estimados por el gobierno federal, más cercanos a 3%, entonces no será posible gastar en la medida en que se tiene previsto.

Menor actividad económica implica menor recaudación y con las tasas de interés al alza, con la cotización peso-dólar en niveles tan históricamente altos no parece quedar otra salida que la revisión a la baja de las estimaciones gubernamentales de gasto.

Tiene que darse una revisión del gasto público, porque además la contención del crecimiento de la deuda pública es una meta a la que no puede renunciar el gobierno federal bajo ninguna circunstancia.

Mientras más tarden en revisar las estimaciones de crecimiento y gasto, más drástico será el ajuste y más puede verse afectado el crecimiento. Además de que el riesgo de incumplir con las metas de equilibrio fiscal puede resultar suicida en materia de mantenimiento de las calificaciones crediticias.

No deberían esperar hasta conocer el comportamiento del primer trimestre del año para recortar el gasto público. Sí deben esperar a que tome posesión Donald Trump, y con base en las políticas de gobierno sacar la tijera y ser lo más responsables posibles.

Por lo pronto, el FMI es uno más de los que cumplen la terrible tradición de revisar constantemente y a la baja las estimaciones económicas para México.