Al célebre escritor estadounidense de origen noruego Thornstein Veblen debemos el concepto de el mundo que se da por supuesto . En ese mundo, por ejemplo, todos los servidores públicos cumplen con su encomienda sin la menor desviación deliberada. Es decir, todas las fallas y errores son absolutamente involuntarios. En ese deseable mundo que se da por supuesto , los aduaneros cumplen con su tarea, hasta donde les dan sus fuerzas, de evitar el contrabando; los inspectores realizan su encomienda sin beneficio personal y lo mismo puede decirse de los policías en su misión de combatir el crimen y las irregularidades administrativas de ciudadanos irresponsables.

El iluminador concepto de Veblen es de utilidad para analizar lo que es posible esperar del nuevo reglamento de tránsito del Distrito Federal. Desde luego, en el mundo que se da por supuesto , del que hablamos si los conductores de vehículos en esta metrópoli colectivo en el que se incluye a los propietarios de autos, choferes de transporte particular y choferes de transporte público cumplieran estrictamente con las normas en vigor, nunca manejaran cuando bebieron alcohol y respetaran con fervor a los peatones y ciclistas. En ese mundo ideal, también los policías de tránsito tendrían un comportamiento loable y rigurosamente honesto.

En términos generales, el subdesarrollo de México desde su establecimiento puede explicarse por una brecha inmensa entre el mundo que se da por supuesto y el mundo real de los comportamientos observables de todos los ciudadanos, sean o no servidores públicos. Y en esa brecha inmensa se ubican inexorablemente quienes conducen vehículos en la ciudad de México y las autoridades encargadas de verificar que esa conducción se realiza en forma reglamentaria.

Dicho lo anterior, ¿qué cabe esperar del nuevo reglamento de tránsito del DF? Con todo el dolor de mi corazón, del lado de los policías de tránsito lo que cabe esperar es una elevación de las mordidas. Las personas en esa posición deben estar de plácemes. La regla al respecto ha sido siempre clara: mayores multas abren la posibilidad de aumentar las extorsiones al infractor. La reacción previsible de los conductores se presenta más compleja. Sorprendentemente, algunos se sentirán menos inclinados a cometer infracciones, ya sea por el costo de las multas o por el elemento disuasivo de los cohechos. En otros casos, simplemente el infractor ya estará avisado que la mordida será más alta.

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