Ahora que el gobierno federal ha dado golpes fuertes al crimen organizado, como la detención del Chapo, El Z40 o El Tío y la muerte del Chayo o El Pantera, no son pocos los funcionarios públicos que critican, y con razón, al gobierno de Felipe Calderón.

Argumentan que en un afán de convertir la procuración de justicia en un circo mediático, con facilidad violaban el debido proceso y se precipitaban para presentar a los presuntos delincuentes ante las cámaras de la televisión. Y aquí están las consecuencias: muertos que no estaban muertos.

En este gobierno, desapareció la guerra contra el crimen como bandera presidencial, lo que permite que cada golpe que se da a la delincuencia pueda lucirse con más naturalidad.

Y no será la batalla al crimen la telenovela de este sexenio, pero el camino del deslumbramiento mediático se mantiene corregido y aumentado.

El nombre es transformar a México, la promesa es colmar al país de progreso a través de un ambicioso paquete de reformas estructurales. Sin embargo, el resultado es hasta hoy incompleto, incongruente con el tamaño de los fuegos artificiales presentados.

La reforma educativa, que fue presentada como el primer gran logro del sexenio, se enfrenta al lamentable espectáculo de un secretario de Educación que con tono resignado asegura que si se viola la ley simplemente no pasa nada. Así es, la primera reforma cacareada y presumida que logró el consenso del Pacto por México, que transitó las aguas complejas de la reforma constitucional. La que implicó el trastorno de la ciudad de México por la CNTE ante la aprobación de las reformas secundarias. La que se publicó con bombo y platillo presidencial, se enfrenta hoy al miedo, o prudencia, de una autoridad que se dobla y con ello abolla la promesa de transformación de México.

La reforma energética, la estrella del sexenio, está paralizada ante la ausencia de una iniciativa de leyes secundarias. Y de paso está salpicada por el enorme escándalo de corrupción de Oceanografía.

Nos enteramos de este caso sólo porque Banamex, que es filial de un banco de Estados Unidos, reportó en sus estados financieros el quebranto que les costó perder sus utilidades. De lo contrario, posiblemente nunca nos habríamos enterado. Y la prueba de esto es que ahora sabemos que al Banco Nacional de Comercio Exterior también lo defraudó Oceanografía con el uso de documentos falsos, lograron recuperar 30 millones de dólares, y hoy se sabe que denunciaron el ilícito ante la PGR, pero antes no compartieron esa la información.

Seguramente Citigroup habría agradecido la advertencia del peligro criminal de la empresa en cuestión.

A pesar de que el gobierno actual ha tenido aciertos importantes, las expectativas que generó no han estado a la altura de los resultados y eso no ayuda a la confianza.

La economía no levanta y eso pesa mucho en el ánimo colectivo. No se puede pensar en la tierra prometida por el gobierno priísta cuando estamos en terrenos de la recesión.

La frase que le recetó el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, dependiente del CCE, al gobierno federal este fin de semana es contundente: La solidez de la economía no depende de eventos mediáticos, sino de medidas reales que mejoren el entorno macroeconómico.

Seguro ya se ganaron su jalón de orejas, pero la frase contundente y precisa está dicha.