En su último informe económico sobre la región, indica la Cepal: “América Latina cerrará el 2020 su periodo de menor crecimiento en 40 años”.

Si se analiza la situación de los países se advertirá una crisis de subdesarrollo, esto es una devastación de los deseos humanos, de la fantasía y de la productividad. Para resumir:

  1. Crecientes demandas sociales por la desigualdad y casos de falta de legitimidad de gestión de los gobernantes.
  2. Vacío de cohesión social por la ausencia de objetivos comunes.
  3. Pobreza lacerante. En Guatemala y en Honduras, seis de cada 10 personas viven en pobreza extrema y en El Salvador una de cada tres.
  4. Atraso tecnológico sobre todo en los servicios públicos.
  5. Insuficiente inversión tanto pública como privada.
  6. Gasto social precario. América Latina dedica la mitad de recursos que el promedio de los países de la OCDE en gasto social.
  7. Caída de la demanda interna.
  8. Menor demanda externa.
  9. Deterioro de los precios de las materias primas de exportación.
  10. Inserción modesta en las relaciones económicas internacionales.

Cuatro de los países de la región que representan 70% del PIB total pasan por malos momentos. Brasil, el país más importante, ha sufrido un descenso desde el 2016; Argentina tuvo un retroceso de 6% en tres años; Venezuela ha vivido un golpe duro a su ingreso por habitante de 60%; México, tuvo alrededor de cero crecimiento económico en el 2019.

Necesitamos crear en la región una nueva narrativa reformista de Estado que descanse en crear mercados, hacer una demanda efectiva mayor, orientar la inversión y la innovación hacia objetivos que puedan crear un desarrollo sustentable, aprovechando la potencialidad de recursos renovables por la riqueza hídrica, eólica y geotérmica. Invertir en infraestructura. Hacer una redistribución de ingresos mediante una mayor y mejor inversión en capital humano. Y diseñar una política de financiamiento del desarrollo.

Está comprobado que los países que gastan más y mejor en educación pública, en redes fuertes de protección social para las familias y promueven la inclusión social son los que logran suavizar el efecto de las ventajas por origen social.

El sector público debe asegurar a cada ciudadano con independencia de donde resida las prestaciones básicas.

Lo fundamental del progreso económico es ofrecer mejoras para no tener trastornos sociales. Y evitar el populismo que es una ideología vacía, pero que ahí reside su atractivo al dar refugio a la frustración de los oprimidos contra instituciones democráticas insuficientes e incapaces de dar respuesta a las demandas de la gente.

Ante el proceso de descarbonización y digitalización, eje de la reconversión industrial y tecnológica que realizan particularmente países que integran la Unión Europea, América Latina tiene posibilidades de engarzarse a este proceso.

Hay inversionistas norteamericanos y japoneses que ven los atractivos para invertir. Están observando que la región además de fuentes de energía limpia y renovable, cuenta con las mayores reservas de litio en el mundo, cuya explotación diversificaría las exportaciones e innovar nuestras cadenas de valor para generar empleos. 

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.