La intervención del BCE como mayor proveedor de liquidez de los bancos tiene repercusiones indirectas pero importantes en la oferta de crédito en México

Una de las condiciones fundamentales para que la economía mexicana crezca a una tasa más saludable y se vuelva menos vulnerable a los embates externos es que el crédito bancario al sector privado se convierta en un motor de crecimiento más dinámico.

La mesa está puesta para que el crédito juegue un papel más preponderante en el crecimiento económico: el sistema financiero mexicano se encuentra bien capitalizado, cuenta con un marco regulatorio adecuado y los bancos han desarrollado sistemas de administración de riesgos robustos.

Con un sector financiero doméstico dominado por instituciones extranjeras y principalmente europeas, la disponibilidad de crédito se vuelve más vulnerable a los embates externos como sucedió en el periodo 2008-09. Es por eso que la mayor intervención del Banco Central Europeo (BCE) como un mayor proveedor de liquidez de los bancos de ese continente tiene repercusiones indirectas pero importantes en la disponibilidad de crédito en México.

Para que el crédito doméstico crezca en México, es necesario que los principales bancos (BBVA-Bancomer, Banamex-Citi, Banorte-Ixe, Santander, HSBC y Scotiabank) continúen con sus planes de incrementar la penetración bancaria en México. Debemos recordar que México es un país poco bancarizado en comparación con otras economías emergentes con características similares.

El crédito bancario al sector privado en México, medido como porcentaje del PIB, se ubica en 14%, cifra que se encuentra aún muy por debajo de 38% registrado en 1994 y la de otros mercados emergentes como Brasil y Colombia, que ronda 35% y ni hablar de Chile, donde es superior a 60 por ciento.

Si se usa de manera prudente, el crédito es una herramienta muy poderosa de crecimiento y, sobre todo, de movilidad social. Durante casi ocho años, después de la catástrofe económica de 1995, México estuvo creciendo con un motor apagado, ya que el sistema financiero mexicano estuvo prácticamente en coma. El crédito al consumo y a la pequeña y mediana empresa desapareció mientras los bancos batallaban por recapitalizarse y reinventarse, desarrollando nuevos modelos de análisis de riesgo y, sobre todo, limpiando y reestructurando la cartera de créditos que se habían otorgado en el periodo 1991-94.

Después del colapso de 1994 y del tortuoso rescate de 1995, el mapa del sector financiero en México fue totalmente reconfigurado en la segunda mitad de la década de los 90. La entrada de grandes grupos financieros internacionales con capital y la supervivencia de algunos grupos financieros mexicanos lograron que el crédito comenzara a reactivarse a principios de la primera década de este siglo. A finales de la década de los 90 era imposible pensar en un crédito hipotecario a largo plazo (10-20 años) a tasa fija.

Sin embargo, la estabilidad macroeconómica, un entorno de menores tasas, una regulación financiera adecuada y un mercado sumamente sub-bancarizado llevaron a las instituciones financieras a reabrir la llave del crédito. Entre el 2000 y el 2007, el crédito total como porcentaje del PIB pasó de 6.5% a 13.0 por ciento.

Durante la crisis financiera del 2008-2009, se observó una marcada contracción en el crédito al consumo, a la vivienda y a las pymes, que contribuyó a profundizar la crisis económica del 2009.

La buena noticia es que lo que comenzó como una incipiente recuperación en el otorgamiento de crédito al sector privado a principios del 2010 se ha convertido en una sólida tendencia que acumula 21 meses. De acuerdo con datos de la CNBV y la ABM, el saldo del crédito al sector privado no bancario al cierre de diciembre ha crecido a una tasa anual de 17% en términos nominales, su mayor ritmo de crecimiento desde julio del 2008. Dicho crecimiento fue impulsado por incrementos de 24% en el crédito al consumo y de 16% en el crédito a empresas.

La decisión del BCE de otorgar apoyos de liquidez prácticamente ilimitados a los bancos y países europeos mejora considerablemente el entorno para las casas matrices de varios de los bancos extranjeros que operan con éxito en México y reduce la probabilidad de un episodio de contracción de crédito en nuestro país.

joaquinld@eleconomista.com.mx