Las expectativas de crecimiento para la economía mexicana en el 2012 se fueron debilitando durante buena parte de la segunda mitad del año pasado en medio de un evidente deterioro en las condiciones económicas a nivel global.

Tan es así, que la estimación oficial de crecimiento para México de 3.5% contenida en los Criterios Generales de Política Económica (CGPE) para el 2012 se antojaba ambiciosa.

En este espacio mencionamos que el supuesto de crecimiento de la economía americana de 2.1% utilizado en los CGPE, obtenida del consenso de mercado al momento de la preparación de los CGPE en septiembre, parecía demasiado optimista en el contexto de noviembre y diciembre.

Sin embargo, también mencionamos que el consenso sobre el crecimiento en Estados Unidos para el 2012 había sido muy volátil en los últimos meses y el rango de expectativas iba desde los pesimistas (ojo, no los catastrofistas) que pronosticaban un crecimiento del PIB entre 1 y 2%, hasta los optimistas que anticipan un crecimiento entre 2.0 y 3.0 por ciento.

Durante las últimas semanas se han dado eventos importantes que deben contribuir a mejorar las expectativas de crecimiento para la economía global, pero sobre todo para Estados Unidos y para México. Los eventos más importantes son, sin duda, la mayor intervención del Banco Central Europeo como proveedor de liquidez y el pacto forjado entre casi todos los miembros de la Unión Europea para una mayor integración fiscal.

Estos dos eventos han reducido de manera considerable las señales de estrés en los mercados, provocando una baja en los altísimos niveles de incertidumbre y contribuyendo a una reducción muy considerable en la probabilidad de un escenario catastrófico.

Una vez resuelta, aunque sea de manera temporal, la crisis de confianza, no podemos perder de vista otra serie de eventos que están contribuyendo al sentimiento generalizado de optimismo. Por un lado, los indicadores de actividad económica muestran repuntes sorpresivos en Estados Unidos, China, Alemania, Japón y el Reino Unido.

En el caso particular de Estados Unidos, el índice que mide la producción manufacturera registró en enero su nivel más alto en los últimos siete meses y alcanzó 30 meses consecutivos en terreno de expansión.

Adicionalmente, la mejoría en la actividad manufacturera comienza finalmente a traducirse en una mayor generación de empleo ya que coincide con una disminución consistente en el número de solicitudes de desempleo.

Aunque todavía existen riesgos de una nueva desaceleración en Europa y en EU, estos riesgos han disminuido de manera importante.

Esta mejoría en el panorama global, aunada a la renovada competitividad de las exportaciones mexicanas - materia de nuestra próxima edición - deben contribuir a una mejoría en las estimaciones de crecimiento para México en el 2012.

Adicionalmente, la considerable reducción en los niveles de estrés para los bancos europeos debe traducirse en una menor restricción de crédito por parte de la banca europea en México.

La encuesta entre especialistas del sector privado más reciente llevada a cabo por Banco de México fue publicada la semana pasada, revelando un ligero aumento en el consenso de expectativas de crecimiento para el 2012 de 3.2 a 3.3 por ciento.

En ausencia de sobresaltos mayores - que podrían provenir de un nuevo susto de crecimiento en Europa o Estados Unidos, una desaceleración mayor a la esperada de la economía china, un incremento importante en los precios del petróleo consecuencia de un evento geopolítico - es probable que el consenso de expectativas siga aumentando hasta converger a un nivel igual o ligeramente superior a la estimación oficial de crecimiento de 3.5 por ciento.

Adicional a la mejora en el entorno externo, no debemos olvidar que los años electorales en México, sobre todo en los seis meses previos a la elección, suelen ser períodos con un buen ritmo de actividad económica.

Este fenómeno tiene varias razones pero una de las principales suele ser el incremento en el gasto e inversión pública por parte del gobierno federal y gobiernos estatales que suele cargarse a los períodos pre-electorales.