El mundo lleva ya más de año y medio con la pandemia del Covid-19. Existe un consenso de que los gobiernos reaccionaron muy lentamente a este coronavirus. Se han realizado diversas evaluaciones acerca del desarrollo de este patógeno para determinar la falla preventiva que en general se observó. Asimismo, se ha planteado como armar una mejor estructura de prevención para una mayor seguridad sanitaria mundial. Al respecto, la investigadora Jennifer Nuzzo de la Universidad Johns Hopkins, publicó recientemente un interesante artículo, “¿Cómo detener una pandemia?”, (en Foreign Affairs Latinoamérica, abril/junio 2021). Vale la pena resumir los principales puntos que contiene el ensayo de Nuzzo.

Comienza la investigadora por señalar que el Covid-19 afectó a un mundo particularmente mal preparado para enfrentarlo. Puso al descubierto la ineficiencia para vigilar amenazas de pandemias. Reveló tanto la fragilidad de las cadenas mundiales de suministro como la distribución desigual de artículos médicos en todo el orbe, en particular en los países de bajos ingresos. Al no tener los países medidas específicas para detener la expansión del virus, la opción fue cerrar sus economías y establecer el confinamiento social. En un inicio esto funcionó para hacer más lenta la propagación, pero a medida que se dieron presiones para relajar esas restricciones, los casos comenzaron a crecer.

El hecho que la pandemia continúe con una tercera ola y posiblemente con una cuarta hacia fin de año, pone en evidencia la grave falta de adecuación del sistema mundial para protegernos de las pandemias. La arquitectura de salud pública de hoy se preparó para brotes y epidemias, pero no para enfrentar pandemias. Un grupo independiente convocado por la OMS y el Banco Mundial recomendó que, para una verdadera respuesta mundial a la pandemia, los países deben compartir en forma sistemática datos presentes, pero también compartir información sobre potenciales pandemias y realizar pruebas conjuntas. Hoy no hay una directriz para hacerlo ni una forma única para reportarlo. Difiero de Nuzzo cuando sostiene que se debería dar un mayor empoderamiento a la OMS para que acate ese mandato en forma centralizada. La OMS se ha politizado, y a mi manera de ver, lo que se requiere es una institución internacional autónoma, técnica, que no se politice para administrar la arquitectura mundial de seguridad sanitaria. El financiamiento para este organismo sería desde luego un reto mayor.

Para la autora, por más desafiante que haya sido el Covid-19, es posible vislumbrar peores escenarios. Los mismos avances científicos necesarios para encontrar nuevas vacunas, también plantean la posibilidad de que se escape, accidental o deliberadamente de los laboratorios, un patógeno mortífero. Es decir, no es descartable un ataque biológico patrocinado por algún Estado. Aunque parezca algo extremo, el sistema de salud mundial debe estar preparado para esa eventualidad. Concluye Nuzzo: “esta pandemia probablemente no sea la última que se enfrente en el presente siglo y podría no ser la peor”.

Twitter: @frubli

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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