Una atleta olímpica muestra su enfado al ser notificada por funcionarios de su federación que deberá de participar en una competencia para la que no se preparó. Al hacerlo, le notifican que será expulsada y un grupo de funcionarios acuden a la Villa Olímpica el domingo pasado por la mañana para notificarle que la llevarán al aeropuerto de regreso a su país.

En su teléfono recibe mensajes de una de sus abuelas advirtiéndole que no regrese a su país. Le dice que su vida corre peligro. La atleta, de 24 años, decide pedir ayuda a la policía que se encuentra en el aeropuerto Tokio-Haneda. La tensión escala. La atleta pidió la intervención del Comité Olímpico Internacional y unas horas más tarde decidió refugiarse en una embajada, que obviamente no es la de su país, en Tokio

La escena podría ser retro para adentrarnos a la guerra fría. Pero no lo es. La tensión no terminó en la embajada. Al recibir luz verde del país que le ofrece una visa humanitaria, la decisión del vuelo que tomará en el aeropuerto Tokio-Haneda no es sencilla de tomar debido a que el gobierno de su país podría rodear el avión comercial con aeronaves militares para obligarlo a bajar al país que ella intenta sortear.

La solución que le ofreció el país que la acogerá fue que abordara un avión con destino a Viena, hacer una escala, y ahora sí, tomar otro avión hacia el país que le abrió los brazos.

Ayer, la atleta declaró estar “sorprendida de la situación” por haberse convertido en un “escándalo político”. Es decir, una simple declaración de enojo por obligarla a participar en una competencia ajena a su entrenamiento, fue suficiente para que el gobierno de su país la sancionara.

Se llama Kristina Timanóvkaya, de Bielorrusia. El comité olímpico de su país lo dirige uno de los hijos del presidente Aleksandr Lukashenko, acusado de cometer fraude electoral en las elecciones del año pasado.

El país que le abrió los brazos es Polonia. En un principio, Kristina abordaría un avión de la compañía polaca LOT de Tokio a Varsovia. Funcionarios polacos le recomendaron volar en un vuelo de la línea Austrian desde el aeropuerto de Narita.

Tsimanóuskaya fue una de las más de 2,000 personalidades deportivas bielorrusas que firmaron una carta abierta en la que solicitaban nuevas elecciones y la liberación de los presos políticos.

Para Lukashenko, se le hizo fácil tomar revancha. Pero olvidó que los Juegos Olímpicos son una caja de resonancia global. Y que cualquier problema político, se potencia. 

El espíritu olímpico exorciza los demonios de la política. Medalla de libertad para Kristina Timanóvkaya y para Polonia, país que de inmediato le ha dado acogida.

En el siglo XXI existen políticos que son capaces de desviar aviones comerciales para castigar un acto de libertad.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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