Las estadísticas económicas no nos dicen qué porcentaje de la mortalidad de las pequeñas empresas está vinculado a la incapacidad para sobrevivir al acoso de los maleantes.

Mazda lleva 100 semanas produciendo en Guanajuato. En ese periodo, los trenes que transportan sus automóviles han sufrido 200 robos, denuncia el CEO de Mazda de México, Keishi Egawa. Los ladrones se concentran en robar piezas: llantas, baterías y llaves remotas, entre otras.

El lugar donde se producen los robos está identificado: es la zona en la que hacen frontera Irapuato y Celaya. El modus operandi de los ladrones, también: aprovechan el descenso de velocidad del tren para abordarlo. Atacan cuando circula a 30 km/h. Una vez arriba, rompen los candados y entran en los vagones.

Son dos robos por semana en promedio. El caso no se ha resuelto, a pesar de todo lo que se sabe sobre los robos. Los delincuentes operan con impunidad en una de las zonas económicas más dinámicas de México, gobernada por una autoridad estatal relativamente eficiente. El comisionado de la Policía Federal parece que está enterado. Dicen que ha asistido a reuniones donde se le ha informado de la situación.

¿Por qué puede más la delincuencia que la autoridad? Llama la atención la incapacidad para apagar este foco de actividad criminal en el Bajío. Hay una falta de coordinación entre diferentes niveles de gobierno y una imposibilidad para convertir la información testimonial en herramienta para combatir la delincuencia.

Este caso es significativo porque ocurre en un estado con gran dinamismo económico y le sucede a una gran empresa que tiene carrocería para aguantar el impacto. Mazda tiene la capacidad para asimilar el robo en forma de aumento de costos y cuenta con un equipo experimentado en el trato con autoridades. Más pronto que tarde, habrá solución.

El problema es que la mayor parte de empresas que sufren el ataque constante de los delincuentes no se parece a Mazda. Son pequeñas, no tienen músculo para hacer frente a los criminales ni capacidad o confianza para hacer oír su voz ante las autoridades.

¿Quién ganará? ¿Los criminales o las pymes? La pregunta tiene su truco porque, en teoría, los delincuentes deberían enfrentarse contra las autoridades. Lo triste es que en muchos lugares no es así. Hombres y mujeres de empresa reciben la visita frecuente de criminales que los roban, les piden derecho de piso o, simplemente, no los dejan trabajar.

Pymes contra malandros. El futuro económico de México depende, en gran medida, del desenlace de este desigual combate. Se derraman ríos de tinta para explicar los efectos en la economía mexicana de la decisión de la Reserva Federal o de la caída del precio del petróleo. Es verdad que estos asuntos cuentan mucho, pero necesitamos prestar más atención a otros grandes temas pequeños .

Las estadísticas económicas no nos dicen qué porcentaje de la mortalidad de las pequeñas empresas está vinculado a la incapacidad para sobrevivir al acoso de los maleantes. Dos décadas de inseguridad pública no nos han dado la capacidad para medir con precisión la relación entre inseguridad y salud o malestar económico.

Las grandes empresas pueden hablar en voz alta de sus problemas de inseguridad y de las limitaciones de nuestro Estado de Derecho. Sus casos ameritan atención y respuesta eficiente. Muchas veces la tienen; cuando esto no ocurre, es noticia. Las pymes son otra cosa... ellas sufren en silencio. En estadística son apenas una cifra sombra.

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