La economía española crece y crea empleo. Durante los próximos dos años es probable que se generen algo más de 900,000 puestos de trabajo y que la tasa de paro se reduzca cerca de 15% a finales del 2018; sin embargo, algunos riesgos han asomado la cabeza. Para reducir la vulnerabilidad de la economía española ante estos eventos es necesario retomar el proceso de mejoras del funcionamiento de los mercados de bienes y servicios.

La tendencia de los datos más recientes de actividad indica que el Producto Interno Bruto podría continuar mostrando tasas de crecimiento elevadas en el primer trimestre del año, alrededor de 0.8 trimestral. Esta inercia tan positiva, junto con la expectativa de que factores como la política monetaria o un entorno global cada vez más dinámico impulsen la demanda interna y las exportaciones, apunta a que el crecimiento podría continuar situándose entre 2.5 y 3.0% durante los próximos dos años. En todo caso, recientemente han aparecido algunos riesgos que conviene vigilar.

Por ejemplo, el impacto negativo de la incertidumbre que se vive alrededor de la eventual salida del Reino Unido de la Unión Europea es todavía una incógnita, y en varios países están resurgiendo los movimientos proteccionistas. A ello se une el posible cambio que se pueda observar en las políticas públicas en EU, como consecuencia del cambio de administración. A esto, es posible que estos factores estén teniendo ya un efecto sobre el gasto en inversión, particularmente en aquellas empresas en España enfocadas a la exportación. Asimismo, el costo de la energía ha aumentado, aunque se mantiene en niveles por debajo del promedio observado durante los últimos tres años. En todo caso, el aumento reciente en el precio del petróleo supone una transferencia de renta desde España hacia los países productores de crudo, y restará entre 2 y 3 décimas al crecimiento en el 2017.

Como consecuencia del incremento en el precio de la energía, la inflación ha repuntado hasta alcanzar niveles alrededor de 3 por ciento. Este incremento en la variación en precios es temporal y en promedio la inflación durante el año será apenas algo superior a 2 por ciento. Sin embargo, será necesario seguir de cerca el grado de transmisión que tenga este shock sobre el resto de los precios. A este respecto, habrá que prestar especial atención a la evolución de las rentas. En este caso, cualquier intento de empresarios o trabajadores por hacer que el costo de esta pérdida de competitividad lo absorba completamente, la otra parte o los consumidores, podría desacelerar el crecimiento de la inversión y de las exportaciones, además de frenar la creación de empleo e incrementar la desigualdad.

Otro de los factores que puede comenzar a generar incertidumbre es el impacto que tendrá la inflación sobre la evolución de las tasas de interés. Aunque es de prever que la normalización de la política monetaria sea un proceso lento y que los tasas se mantengan bajas por un periodo prolongado, un aumento desordenado del costo de financiamiento puede ser especialmente negativo para una economía aún tan endeudada como la española, sobre todo en el sector público. Al respecto, se estima que el programa de compra de activos del Banco Central Europeo estaría reduciendo la prima de riesgo española del bono a 10 años en aproximadamente entre 50 y 70 puntos base. Más aun, no se puede descartar que el efecto del programa sobre el costo de financiamiento pueda ser mayor, evitando, por ejemplo, incrementos durante episodios de incertidumbre recientes.

Por último, la incertidumbre sobre las políticas públicas se mantiene en niveles elevados. A ello han contribuido, por ejemplo, las medidas implementadas para elevar la recaudación relacionada con el Impuesto de Sociedades. A esta incertidumbre impositiva, se unen otras como la relacionada con la aprobación del presupuesto del Estado para el 2017 o la agenda de reformas económicas que habrán de implementarse durante los próximos años. En un marco de estabilidad institucional, reducir la vulnerabilidad de la economía española ante la realización de estos riesgos requerirá la implementación de políticas que ayuden a reducir ordenadamente desequilibrios tan importantes como el paro de largo plazo, el déficit y la deuda pública o el apalancamiento privado.

*BBVA Research