Nos hemos acostumbrado a situar a Gibraltar en uno de los anexos ilegibles de la negociación del Brexit. Sin embargo, ¿qué va a suceder con los 33,140 habitantes de Gibraltar después del Brexit? El 96% de ellos votó en contra del Brexit, y lo hicieron no por la campaña anémica de David Cameron, lo hicieron porque están integrados a España en todos los ámbitos. Existen 2,926 kilómetros entre el peñón de Gibraltar y Reino Unido.

¿Por qué es imposible llegar al anexo sobre Gibraltar del documento que está negociando la Unión Europea con Reino Unido? La respuesta es sencilla, a Theresa May como a millones de británicos no le interesa el nada popular peñón, cuya extensión es de 6.8 kilómetros cuadrados.

Son tres los terrenos que generan más tensión en la negociación que encabezan Michel Bernier y David Davis: pago de la deuda de Reino Unido a Bruselas; derechos de los 4.5 millones de ciudadanos europeos que viven en la isla (y de 1.5 millones de británicos que viven dentro de la Unión Europea); y el tipo de comercio que se moverá alrededor de la frontera con Irlanda del Norte. Sin embargo, del peñón de Gibraltar, un macizo rocoso unido a la península ibérica por un istmo de arena, poco se habla.

Lo que sí sabemos es que Reino Unido voltea hacia otro lado cada vez que Naciones Unidas le pide descolonizar Gibraltar. Tras la Guerra de Sucesión española, en 1713, el peñón fue transferido a Reino Unido a través del Tratado de Utrecht. El “famoso” peñón se ubica al sur de la península ibérica y su única frontera es con España.

“¿Al defender la soberanía de Gibraltar habrá parloteo o guerra con España?”, le preguntó un periodista británico a Theresa May usando una famosa frase de Winston Churchill, quien dijo que siempre es mejor hablar incansablemente que ir a la guerra. “Definitivamente habrá mucho parloteo”, le respondió May, quien se río frente a los periodistas al ser preguntada sobre la posibilidad de una guerra por la disputa sobre Gibraltar (BBC Mundo, 3 de abril de 2017).

Mariano Rajoy no es de sonrisa fácil, y cuando se habla de nacionalismos, menos. Nueve meses después de haberse convertido en presidente de España pidió diálogo con Reino Unido durante su estreno ante el plano de la ONU, “hemos perdido ya demasiados años”.

Entre la sonrisa de May y la debilidad de Rajoy no se puede esperar un diálogo profundo durante la negociación del Brexit. Tampoco se puede esperar que Reino Unido respete el derecho internacional en este asunto, como demuestra el incumplimiento de las resoluciones de la ONU respecto al proceso de descolonización, la ocupación ilegal del istmo donde se ubica el aeropuerto y el establecimiento y ampliación de las aguas territoriales del Peñón.

Como bien apunta Victor Andrés Maldonado en la tribuna del periódico El País del pasado 20 de marzo (“Gibraltar después del Brexit”), los habitantes del peñón no quieren hablar de nacionalismo. Ellos reciben una serie de privilegios derivados de su carácter de paraíso fiscal, lo que se traduce en el establecimiento de empresas holding.

Pero más allá de los deseos, se encuentran las múltiples peticiones de la ONU a Reino Unido para que dé marcha atrás al colonialismo. Mucho pedir a May. Al día de hoy no ha dado las pruebas sobre el ataque a Sergei Skripal.

FaustoPretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.