Palabra que significa, según Francisco J. Santamaría, en su Diccionario de mejicanismos: El sistema político de matar a todo el que se pueda .

Hace poco -¿qué son 60 o 70 años? Un suspiro-, nuestra sociedad se estremecía por los crímenes de El Estrangulador de Tacuba, Goyo Cárdenas, o por el asesinato de los hermanos Villar Lledías. Hoy, esos episodios son como juego de niños y permanecemos impasibles ante la cotidiana carnicería: no nos ponemos en la piel de las víctimas y seguimos tan tranquilos mientras no nos toque en carne propia o nos llegue de cerca.

Ya no despiertan sentimiento alguno las voces que con mayor frecuencia se leen o escuchan en los medios: ajuste de cuentas, ejecución, extorsión, secuestro, amenaza de muerte, comando armado, violencia, golpiza, asalto, atentado, ahorcado, decapitado (la cabeza es la sede de la fuerza espiritual), desmembrado (además del homicidio se dispersan las partes del cuerpo), torturado, terrorismo, emboscada, quemado (la ceniza es símbolo de la disolución de los cadáveres), sicario...

Actos cometidos por individuos primitivos, dicho esto en el sentido de involución o retroceso de los valores que la humanidad, con enormes trabajos y numerosas fallas, ha creado. Juan Eduardo Cirlot (Diccionario de símbolos) escribe que bestia apocalíptica es el hombre adversario del espíritu y pervertidor de las cualidades superiores. Buitre que se alimenta de despojos de personas, demonio y monstruo, que son expresiones gráficas del infierno.

Común denominador: acciones perpetradas sin valor, alevosamente, por sorpresa (quien a otro ha de matar, antes ha de madrugar), por la espalda, en el lugar y en el momento menos pensados, con el rostro cubierto, sobre seguro, con cautela para garantizar la comisión del delito sin riesgo para el delincuente. Traición siempre es maldad, indignidad, ruindad, malevolencia, quien incurre en ella destruye un alma, además de su envoltura. El canibalismo, dice Michel Montaigne, es menos malo que la traición y la crueldad.

Sigo a Jonathan Swift en su Gulliver: los maleantes en cuestión ni siquiera son capaces de avergonzarse por ser cobardes .

Nos referimos a ellos como narcos y que, sumados, los cárteles configuran el crimen organizado. Elegante denominación. Leve sería bautizarlos como zorros, aunque este animal, en el medievo, era símbolo del diablo, de aptitudes inferiores, de tretas del enemigo.

Propongo que en adelante los llamemos por lo que son: ¡cobardes!

[email protected]