No es sencillo hablar de equidad de género.

Estas últimas semanas los partidos políticos han estado eligiendo a sus candidatos para las elecciones que se avecinan, un tema recurrente es cómo le van a hacer para mantener las cuotas de género. La búsqueda y el acomodo parecen incomodar a muchos quienes piensan que el sólo ser mujer no debe asegurar un espacio. Pero independientemente de las capacidades y los logros individuales, me parece prioritario destacar los beneficios de contar con más y mejores mujeres en posiciones de primer nivel, tanto funcionarias o legisladoras, como en la Iniciativa Privada. Les invito a repasar algo de la evidencia empírica que ya hay al respecto.

Las personas y sus talentos, habilidades y capacidades son los principales activos con los cuales cuenta un país y el más importante motor de crecimiento económico.

Ahora, ¿qué pasa cuando ese motor, el motor que mueve la economía está subutilizado? Sencillamente, la economía no tiene el mismo potencial de crecimiento.

Desafortunadamente, nuestros líderes no necesariamente miden el impacto de una decisión tanto en los hombres como en las mujeres, y quizás la razón principal es que sencillamente no son mujeres. Tendríamos que tener más conciencia de que una sociedad con pocas oportunidades para las mujeres también está cerrando la posibilidad de crecer a su máximo potencial.

No es sencillo hablar de equidad de género, aun en mi condición de mujer, en un mundo que ha sido de hombres por mucho tiempo. En mi experiencia he conocido a grandes hombres que estimulan el crecimiento de su equipo con equidad y con mucho respeto, y que sin darse cuenta, han empoderado y promovido la igualdad; aunque también me he topado con colegas que basan su poder y el de sus equipos dependiendo quién está dentro del Club de Toby.

Dejemos mejor que la evidencia hable por sí misma: múltiples estudios han mostrado que mujeres más sanas, educadas y con capacidad de tomar decisiones en posiciones laborales tienen más probabilidad de tener hijos más sanos, educados y con mejores oportunidades laborales, creando así un círculo virtuoso para la población en general. Este es precisamente uno de los principios que motivaron, hace casi una década, la creación del Global Gender Gap Index, elaborado por el Foro Económico Mundial, que no mide el nivel de empoderamiento de las mujeres ni el éxito en la ya famosa guerra de sexos; sino más bien clasifica qué países han avanzado más en mejorar las condiciones de salud, de educación y de igualdad laboral para sus mujeres.

Una conclusión muy obvia es que los países con más equidad, como lo son Islandia, Finlandia, Noruega, Suecia y Dinamarca (han avanzado en equidad en 80%) son precisamente los países con mejor nivel de vida y mejor desempeño económico y de competitividad. Por cierto, aspiración de todo país en vías de desarrollo.

Veamos el caso de México, una de las economías más grandes y globales del mundo, pero que sólo ha mejorado su posición en 7% desde el primer ejercicio que se realizó. Actualmente, ocupa el lugar 80 de 142 países; sin embargo, este último dato representó una caída de 16 lugares. El desempeño en el país en el acceso a la educación y a la salud han sido más o menos los mismos en los últimos años, con una mejora nada significativa en la participación económica de las mujeres en la fuerza laboral y en las diferencias de salarios; lo que nos mantiene aún en esos rubros en los peores lugares del mundo.

Sigue llamando la atención que en educación superior sólo ingresen 30% de mujeres, que estemos en el grupo de países donde en promedio las mujeres tenemos a nuestros primeros hijos muy jóvenes (21 años) y que sigamos invirtiendo en promedio 373 minutos diariamente en tareas no retribuidas con un salario, versus 113 minutos de un hombre.

No hay más, en tiempos de crisis yo le apostaría a mejorar las condiciones educativas y de salud de las mujeres, y a promover a más mujeres en posiciones de toma de decisión. No precisamente porque nuestras decisiones sean mejores o peores, sino porque definitivamente reflejan las necesidades de más miembros de la sociedad, y eso nos transforma en un México más igual y con más oportunidades para crecer. ¡Hasta nuestro próximo encuentro!

*La autora es presidente de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana AC.

Twitter: @PerezSoraya