Hace unos días leí un interesante artículo escrito por Peter Cramton, profesor de Economía de la Universidad de Maryland, y Linda Doyle, profesora de Ingeniería de la Universidad de Dublin. El artículo en cuestión se titula Un mercado inalámbrico de acceso abierto. Apoyando la protección civil, el servicio universal y la competencia . En dicho artículo, ambos autores hablan de las virtudes que tendría para el sector telecomunicaciones un mercado abierto dinámico, apoyado en la figura de una red de acceso abierto, administrada por un operador independiente del sistema .

Aparte de desarrollar la propuesta sobre cómo funcionaría un mercado así, que es mucho más complejo que la idea de quienes han impulsado en México la figura de la red compartida mayorista, los autores destacan algunos ejemplos que describen como oportunidades prometedoras para el desarrollo de mercados de acceso abierto , entre las que destacan: a) la idea de una red para banda ancha y seguridad pública (entendida como protección civil) que ha estado en el horizonte regulatorio de los Estados Unidos desde hace varios años, y b) la red compartida en México.

Los promotores de la red compartida muy pronto utilizarán esta mención como una prueba de que no estaban equivocados. Sin embargo, hay varios aspectos de la idea desarrollada por Cramton y Doyle que deben analizarse con cuidado antes de lanzar las campanas al vuelo. El primero tiene que ver con que la red debería ser operada por un ente independiente en cuyo consejo de dirección participen actores de ambos lados del mercado: oferta y demanda. Ésta es la primera gran desviación de la idea que ha venido construyéndose en nuestro país, pues acá será simplemente un concesionario más que operará la red para resolver su desafío de rentabilidad, no para generar eficiencia en las cantidades de servicios de red y los precios a las que estas se intercambiaran en esa red, como es la idea de Cramton y Doyle.

Por otra parte, la idea de estos autores descansa en el hecho de que en la red de acceso abierto, los operadores tradicionales obtendrían, a través de subastas, capacidad de esa red para determinadas horas del día, momentos del mes o del año, según identifiquen necesidades, al mismo tiempo que también ofrecerían capacidad de sus redes, que esté disponible para ese día, para el mes o para el año. De esta forma, al funcionar como una especie de Bolsa de Valores, los autores estiman se alcanzaría un nivel de intercambio de capacidades de red y se determinarían precios de esas capacidades que generarían eficiencia en la operación del mercado de acceso abierto y por tanto al sector de telecomunicaciones móviles. Tal como funcionan algunos mercados eléctricos hoy en día.

Ahora bien, los autores cometen el error al pensar en mercados de acceso abierto prometedores e incluir en ellos a la red compartida en la banda de 700 MHz de nuestro país, porque esta red, está pensada para sólo ofrecer capacidad al mercado, no para recibir capacidad de otras redes y actuar como una especie de cámara de compensación. Al menos las prebases de la red compartida no prevén que funcione así. De hecho, ni siquiera se ha hablado de las reglas que deberá seguir el operador de la red compartida para asignar capacidad de la misma a los distintos interesados, o al menos no se ha discutido con qué transparencia adoptará estas decisiones.

Quienes trabajan en el diseño del proyecto de la red compartida deberían leer también a otro connotado especialista en temas de telecomunicaciones, Scott Wallsten, quien en un artículo publicado el 9 de septiembre del 2014 en el Financial Times titulado: Mexico’s Wholesale Risk (Riesgo de mayoreo de México), advierte varios riesgos con la red compartida. No deben subestimarse.

*El autor es senador de la República.