Si bien se respiró en la más reciente reunión de ministros de Finanzas y jefes de bancos centrales del G-20 un aire de que la economía global, en especial en la zona euro, muestra cierto grado de estabilización –en buena parte gracias a las políticas adoptadas por el Banco Central Europeo– lo cierto es también que persiste de forma latente el riesgo de una recaída que podría ser más grande que el mamut al que se refirió Guillermo Ortiz.

Para varios analistas resulta evidente que Europa continúa en crisis, que la zona euro necesita el apoyo del FMI más que Grecia misma para evitar el abandono de la moneda común (lo que podría generar una corrida financiera en los países más débiles, con una consecuente debacle financiera mundial) y que, a todo esto, el G-20 –que agrupa a los países responsables de 90% del PIB y de 80% del comercio mundiales– pretende convertirse en una gigantesca red de protección.

FALTA DE ACUERDOS POR PARTE DEL G-20

Aunque es posible esperar compromisos concretos en marzo luego de que se analice el desempeño de las economías de los países europeos más débiles (como Grecia, Portugal e Italia), en abril se realizará una nueva reunión ministerial en la que se tratará el monto de los recursos que requiere el fondo de salvataje y que podría ascender a cerca de 2 billones de dólares que podrían aportar Europa y el FMI.

Así, será hasta junio cuando se lleve a cabo la Cumbre de Líderes del grupo, en la que se podrán vislumbrar no sólo los detalles y las condiciones que adoptará el paquete de ayuda sino, de manera más importante, la forma que el G-20 pretende dar al modelo de desarrollo económico mundial para promover el crecimiento y la creación de empleos.

ELEVADOS PRECIOS DEL PETRÓLEO DIFICULTAN RECUPERACIÓN

Se suman a este escenario los elevados precios del petróleo, generados más que por la demanda de los países en desarrollo por la oferta, que enfrenta poca capacidad ociosa, riesgos para el suministro en Medio Oriente y África, y otros, como la prohibición europea de importar petróleo de Irán.

Al ubicarse en niveles cercanos a los 120 dólares por barril, se han elevado las preocupaciones de analistas e inversionistas sobre su efecto en la débil recuperación económica mundial.

Esto debido a que, al encarecerse los precios de gasolinas y otros productos derivados, los consumidores ven reducir su ingreso disponible y, por ende, la capacidad para adquirir otros productos en el mercado, lo que en el agregado se podría traducir en presiones a la baja en el crecimiento económico esperado.

Si añadimos que esta situación podría disparar las presiones inflacionarias, entonces los bancos centrales en Estados Unidos y Europa comenzarán a verse presionados también para endurecer la política monetaria que han sostenido al momento para mantener líquidos a los mercados y estimular el crecimiento económico.

Esto significa en breve que el escenario de tasas de interés estables para el 2012 que esperábamos al inicio de este año podría modificarse en el mediano plazo.

RECRUDECE EL PROTECCIONISMO

Otro elemento que podría establecer un freno a la recuperación económica, además de escasez de acuerdos del G-20, es el recrudecimiento del proteccionismo no arancelario que han puesto en práctica varios países desde hace ya varios meses; unos, a través de manipular su política cambiaria (como China) y otros, como ha resultado evidente de la relación comercial en materia automotriz que guardan México y Brasil, a través de revisar su política comercial hacia otros países (aunque haya acuerdos comerciales de por medio).

Más proteccionismo implica menor comercio internacional y, para las economías que dependen de ello, también menores oportunidades para crecer y generar empleos.

IMPLICACIONES PARA MÉXICO

Para nuestro país, la situación no deja de ser preocupante. Pese a que se tenga una solidez macroeconómica que resulte envidiable a no pocos países europeos e incluso para Estados Unidos, no deben dejar de preocupar los otros riesgos.

Si bien el elevado precio del petróleo puede significar mayores ingresos por su venta en el extranjero, más de la mitad de los combustibles (gasolinas) se adquiere en el exterior y ello implica un mayor gasto para el gobierno federal.

Por su parte, habrá que mantener la actual conducción de las políticas fiscal y monetaria bajo estrictas condiciones de austeridad y control, y así, evitar a toda costa caer en la tentación de abrir de más la llave por el periodo electoral que se avecina.

*José C. Femat es economista con posgrado en Historia y Desarrollo Económicos.

**Rodolfo Salazar es economista con posgrado en Administración y Finanzas.

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