La legalización en México conlleva más que fines de salud pública. Las autoridades del país no han considerado su dimensión económica.

La legalización de la mariguana en México tiene una dimensión económica de la que se habla poco. Por pudor, desconocimiento y, también, por hipocresía, se minimiza el impacto económico que tendría un cambio radical en la política pública. Con mucha razón, en México la discusión privilegia cuestiones éticas y de salud pública. Eso está bien, pero no basta: el rompecabezas no está completo si deja fuera los aspectos económicos.

¿Cuántos impuestos generaría? ¿Cuántos puestos de trabajo? ¿Qué tipo de empresarios atraería? ¿Qué tipo de promoción económica necesitaría? ¿Qué regiones serían ideales para especializarlas en estas actividades? Todas estas preguntas son válidas y requieren respuestas puntuales.

El gobierno federal apuesta por la legalización de la mariguana con fines médicos y por dejar las cosas como están en lo que se refiere al uso recreativo. Si esto ocurriera ahora, tendríamos un aumento de importaciones de medicamentos con cannabinol. A mediano plazo, esto nos llevaría a tomar una decisión, como país. México tiene ventajas competitivas para la producción de la materia prima fundamental. Esto pone en el radar una cuestión: ¿se impulsaría el cultivo de la mariguana para abastecer a la industria farmacéutica? ¿Habría impulso público al desarrollo de una cadena de valor mariguana-fármacos?

Hay mucho dinero en juego. En Estados Unidos, el negocio de la mariguana legal vale 5,400 millones de dólares anuales y está creciendo a una tasa de 30% anual, de acuerdo con un informe elaborado por New Frontier y Arcview. De esa cantidad, 75-80% corresponde al uso médico y el resto, a lo recreacional. La frontera no es tan clara: ¿dónde poner a los spas que ofrecen mariguana para combatir el estrés?

El crecimiento de la industria mariguanera legal es muy dinámico y no se detendrá. Se traduce en el desarrollo de un ecosistema de especialistas: investigadores médicos, farmacobiólogos y químicos; expertos en agricultura y ciencias de la Tierra; profesionales de bienes raíces, mercadotecnia y servicios financieros. Hay 55 empresas relacionadas con la mariguana legal que cotizan en Bolsa en Estados Unidos.

Nuestros vecinos son los mayores consumidores y han construido una verdadera industria para abastecerse. La mayor región productora de mariguana del mundo está en el norte de California. Se le conoce como el triángulo esmeralda y está entre los condados de Mendocino, Humboldt y Trinity. Su producción se consume legalmente en California. Los hombres y mujeres que la producen no están en la lista de los más buscados del FBI y pueden viajar por todo el mundo, incluyendo México. Se identifican como empresarios y lo son. Si se legaliza la mariguana en México, ¿se promoverá que estos empresarios inviertan en México? ¿Se les tratará mejor, igual o peor que a los empresarios del alcohol o el tabaco?

El futuro está lleno de interrogantes para esta floreciente industria. Si México opta por la legalización, deberá recorrer un largo camino para llegar a tener una industria mariguanera legal. Los primeros pasos deberán darse en el terreno judicial y legislativo. Serán lentos y con trayectoria sinuosa, pero tarde o temprano entraremos en un carril rápido. ¿Cuándo entrará en la pista la dimensión económica?

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