Caminar antes de que

se venga encima la oscuridad

G. Ellmann

En medio de la violencia que sacude al país, tener la experiencia de un hijo al que se asesina, de una hija violada y a la que se da muerte, la experiencia del ser secuestrado, siempre ahí en los dedos cortados de una niña, en la oreja mutilada, son antiacontecimientos que sacuden a todos en el vivir-juntos y demandan que los gobiernos cumplan su responsabilidad jurídica, política y moral de garantizar el respeto a la vida y al patrimonio de la gente.

Los gobiernos no han de defenderse ni discutir el número de muertes o excusarse porque, dicen, la violencia la traería el pasado. Está en presente. A actuar.

La marcha del consuelo, encabezada por Javier Sicilia, a quien le mataron a su hijo, suscita tres axiomas. Primero, el desconsuelo es sin consuelo. Un hijo realiza lo imposible del ser único, en su presencia y su ausencia se juegan la vida propia y la fe, como en Abraham, a quien Dios pide le sacrifique a su primogénito. El desconsuelo atraviesa el cuerpo en una interiorización terrible que no llega al consuelo. Primera aporía: un no-paso.

Segundo, háblese de sufrimiento ante la pérdida existencial del hijo y del sí mismo. Dolor que permanece en la abstracción, en el discurso político o en la boca del médico. ¿En dónde le duele? En el mercado hay decenas de medicamentos contra todo tipo de dolores. El sufrimiento es sufrimiento. Envuelve cuerpo y alma, el ver, el oír, el sentir, el pensar. Segunda aporía: el sufrimiento es singular y del singular, incomunicable aun en el compartir.

Tercero, el sufrimiento es un exceso del ser que trastorna el poder político y las instituciones. Un exceso del ser, potencia de la vida frente a la muerte. Una paradoja, el vivir-juntos no se asienta en el sufrimiento, sino en el miedo y la búsqueda de seguridad. Algo muy animal, algo propio del viviente. Pese a las sutilezas, el Estado sigue obteniendo su legitimidad del intercambio de protección por obediencia.

El sufrimiento es lo singular del singular, nadie puede sufrir por mí, no es transitivo, la sustitución es imposible, el singular desaparecería, no se transparenta en la vida pública, se retira, pero despliega una potencia, una fuerza que dice: ¡Que se haga justicia! Y en torno de la demanda de justicia se hace suelo, se hace otra política.