Daily Beast la llamó la “Game of Thrones” de Amazon. No se trata de una serie de fantasía épica que compita para la exitosa saga de George R.R. Martin. La comparación la provocó la avalancha de 14 nominaciones que “The Marvelous Mrs. Maisel” recibió en la última entrega de los Emmys.

Puede sonar como un encabezado tramposo, mero click-bait, pero lo cierto es que la primera serie para streaming de Amy Sherman-Palladino (y su marido Daniel Palladino), cumplió hace unos días, llevándose el mayor número de estatuillas, incluyendo Mejor Comedia, en los premios de actuación, guión y direcciones (replicando el éxito que había tenido a inicios de año con los Golden Globes).

Nunca veremos un combate directo entre la casa Lannister y la Maisel, aunque ambas series ganaron sus categorías respectivas. El éxito en comedias para Amazon, empezó con las nominaciones 2015-2017 de Transparent, victorias consecutivas para su actor principal (hoy caído en desgracia #metoo), Jeffrey Tambor.

Amy Sherman-Palladino que durante años escribió, produjo y dirigió Gilmore Girls, no recibió reconocimiento de la Academia por los 153 episodios de su drama doméstico. Sin embargo, con la maravillosa señora Maisel, algo cambió y antes de los Emmys fue nominada por el gremio de directores (DGA) y ganó el mayor premio que otorgan los productores estadounidenses a la televisión (PGA).

Hay que decir que el piloto de la señora Maisel es brillante (es ese episodio el que se ganó la mayoría de los premios). La serie sigue las aventuras de una ama de casa judía que en el Nueva York de 1959 decide (o más bien descubre) que debe dedicarse a una carrera como comediante stand up si quiere tomar el control de su vida.

Mrs. Maisel (Rachel Brosnahan) es contemporánea de Lenny Bruce, el comediante que revolucionó los escenarios, y la manera en que se entendía ese tipo de comedia en los EEUU. La historia de Bruce fue contada en la legendaria cinta de Bob Fosse (Lenny, 1974) con Dustin Hoffman. Bruce (Luke Kirby), de hecho, se vuelve un personaje frecuente, especie de mentor, colega, inspiración de la ficticia señora Maisel.

Sherman-Palladino recuerda con cierta amargura no exenta de humor los tiempos en que su Gilmore Girls, peleaba por cualquier concesión presupuestaria en la producción. “Intentábamos conseguir nieve para Gilmore Girls.” Declaró a Daily Beast. “El estudio me respondía, ‘el programa entero son esas dos chicas hablando, no necesitan nieve, aunque vivan en Connecticut.’”.

El contraste es abismal con Amazon, donde recibió carta blanca para convertir calles enteras del Nueva York actual, en su contraparte de 1959. Sherman-Palladino le devolvió el favor a Amazon, dándole la primera victoria para una serie de streaming en los Emmys. Antes que Netflix, Hulu o cualquiera de la competencia lo consiguiera (aunque Netflix se llevó más nominaciones que ningún otro canal este año).

Los productores recuerdan, en alguna de las entrevistas que dieron después de que se anunciaron las nominaciones, una tarde en que se les permitió cerrar una avenida neoyorkina y llenarla con cientos de extras, vehículos de época, recreaciones en las fachadas de tiendas y edificios. “Esa fue la primera vez que le dije a Daniel, ¿por qué nos están dejando hacer esto?”. Estaban tan acostumbrados a escuchar no por parte de estudios para los que una historia “de mujeres” no merecía presupuesto o reflectores.

El título es emblemático, porque obliga al espectador a preguntarse si efectivamente la señora Maisel es tan maravillosa como se anuncia. Crea una expectativa y la cumple con creces. Midge Maisel es un personaje fascinante. Su transformación de esposa dócil del Upper West Side en mujer independiente y libre, es uno de los hilos dramáticos de una primera temporada deliciosa, con buen sentido del humor y subtramas que dan mucho hilo del que cortar.

Desde las expectativas personales y profesionales para las mujeres en el Nueva York de mediados de siglo, hasta la canalización catártica terapéutica del humor cuando la vida se complica.

Midge nunca se vio como comediante. Acompañaba a su marido Joel (Michael Zegen) mientras este hacía sus pininos mediocres en The Gaslight Cafe, un club nocturno de mala muerte en Greenwich Village, con su propia historia de leyendas. Un club que si bien cerró en 1971, fue famoso en los años veinte como una destilería clandestina frecuentada por una clientela gay y literaria, incluidos algunos jazzistas de primera línea. Era el sitio en que Allen Ginsberg y Jack Kerouac, entre otros, leían poesía. Uno de los sitios favoritos de Bob Dylan en el Village, quien grabó un disco en vivo ahí en 1962.

La producción de la primera temporada incluyó filmaciones en París, y escenarios que recordaban el cine clásico de MGM de Hollywood, los Palladino tenían clara la idea de “vamos en grande o vamos a casa”.

La serie de alguna manera terminó contando una historia que conectaba con el zeitgeist posterior al movimiento #metoo. Y no fue algo intencional (su estreno fue anterior a las primeras acusaciones a Harvey Weinstein).

“No es un programa sobre una mujer víctima de abuso”, dice Sherman-Palladino, “Midge es una mujer que amaba su vida y a su marido”. Hasta que todo se vino abajo. “Queríamos contar una historia sobre una mujer que no se sentía oprimida, que estaba satisfecha y feliz, y después se ve obligada a descubrir una faceta de su personalidad que no sabía que existía”.

Twitter: @rgarciamainou

Ricardo García Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).