Las fuertes depreciaciones en principales monedas de Latinoamérica, que se hicieron evidentes desde mitad del año, han continuado y se han extendido a la mayor parte de las divisas de mercados emergentes; destaca la economía argentina y turca, con una pérdida de valor en las monedas de más de 50% en lo que va del año

La inflación así como las tasas de interés de ambas economías han ido en constante aumento como resultado de conflictos económicos y políticos. En el caso de Argentina, el ajuste comenzó después de la apertura comercial que inició con el gobierno de Mauricio Macri. La tasa de referencia comenzó con incrementos paulatinos después de una fuerte fuga de capitales, llevando a una tasa de interés de 60 por ciento.

El gobierno acudió al Fondo Monetario Internacional, acordando un préstamo por 50,000 millones de dólares, pero desde la solicitud del préstamo la situación del país no ha reflejado mejoría. El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, se encuentra en negociaciones para apresurar los desembolsos del préstamo sin descartar la posibilidad de aumentar el monto.

Las acciones ejecutadas por el gobierno argentino se centran en torno al déficit fiscal, que asciende a 2.6% del PIB, e incluyen un fuerte recorte en gastos con la fusión de dependencias de gobierno, ahorro en subsidios económicos y la imposición de impuestos a exportaciones que, si bien se anunció claramente como temporal, con un horizonte a dos años, contradice la propuesta inicial de Macri de no modificar las retenciones.

Las medidas tienen como meta reducir el déficit fiscal a cero a finales del 2019 y llegar a un superávit hacia el 2020, pero han sido bastante polémicas y han aumentado considerablemente la certidumbre política, con elecciones generales programadas hacia octubre del 2019.

Asimismo, no se ha logrado elevar el grado de confianza que se tiene en la economía. El Credit Default Swap (instrumento asociado al riesgo país) ha ido en constante aumento en la mayoría de las economías emergentes; sin embargo, en Argentina ha triplicado más el valor en el trascurso del año.

En el caso de Turquía, similar en la situación actual, pero divergente en cuanto a la percepción interna de las causas y soluciones ante la crisis, el gobierno no ha respondido de forma inmediata ni directa a la fuerte pérdida de valor de la moneda y tasas inflacionarias cada vez más altas.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha culpado el comportamiento de los mercados a una guerra económica causada por Estados Unidos, que comenzó con los impuestos asignados al acero y al aluminio, después de la detención del pastor americano Andrew Brunson.

El sobreendeudamiento corporativo en moneda extranjera ha agravado el déficit fiscal de Turquía y ha afectado a un importante número de compañías turcas, que podrían enfrentar la bancarrota en el corto plazo, así como la mayoría de los bancos cuya calificación crediticia disminuyó sustancialmente.

El nombramiento de Berat Albayrak, yerno del presidente, como ministro de finanzas y la remoción del antiguo equipo económico no ayudó a calmar a los mercados, aumentando la desconfianza en la economía turca, después de la insistencia del ministro de no subir las tasas de interés en junio a pesar de la fuerte inflación.

No obstante, el banco central informó sobre la posibilidad de incrementar las tasas de interés en la siguiente reunión del comité, que tendrá lugar el jueves 13 de septiembre, aunque es claro que la política monetaria debió haber sido ajustada de forma más inmediata para contrarrestar la importante pérdida de valor en su moneda y la inflación de más de 15 por ciento.

Las medidas tomadas por ambos países han generado altas expectativas en cuanto al siguiente paso y a la efectividad de sus políticas monetarias y fiscales y, aunque parecen ir en el camino correcto ante la actual crisis, el desempeño de ambas economías hasta ahora, así como las tensiones comerciales internacionales y la reciente entrada en recesión de Sudáfrica han agravado significativamente la confianza de los inversionistas en los mercados emergentes en general.

*Alejandra Abarca es analista de Signum Research.