Desafortunadamente la inflación se empieza a hacer famosa por cuestiones políticas y esa es una muy mala noticia para todos.

Hablar de aumentos en los precios, sobre todo de aumentos en los precios de los energéticos, generaliza una sensación de que todo sube. Siempre existe ese factor no matemático de las profecías autocumplidas y la inflación tiene mucho de ello.

Sinceramente, no había ninguna necesidad de que el presidente Andrés Manuel López Obrador decidiera correr, una vez más, en contra de la realidad y afirmar que no subirían los precios de las gasolinas, justo cuando estaban en un momento de fuertes incrementos.

Ahí sí, no toda su clientela política le cree, porque son millones los que tienen exposición a los precios de las gasolinas, que tienen tasas de incremento en sus precios superiores a 10% en comparación anual o al precio del gas LP, con un aumento anualizado de 36 por ciento.

La realidad desmiente el discurso, pero queda presente la preocupación social del impacto que los precios de los energéticos puedan tener en los precios de otros productos.

Y los datos tampoco ayudan. La inflación medida a través de Índice Nacional de Precios al Consumidor está fuera del rango que el Banco de México acepta como tolerable con ese 4.67% de inflación anual hasta marzo pasado.

Algunos subíndices espantan mucho más, como el de Alimentos que lleva tiempo arriba de la inflación general y que por ahora está en 6.48% en términos anuales. El susto aumenta con ese 14.55% de inflación anualizada de los energéticos.

Claro que la gasolina y el gas tienen incidencia en los precios de otras mercancías, pero también se provoca un efecto psicológico agravado por un mal manejo político del tema.

Ya hay despistados que le echan la culpa al Banco de México por haber bajado tanto las tasas de interés, cuando hay que atender que la fotografía de la inflación de hoy se pone peor por el efecto estadístico de la caída de precios por el confinamiento iniciado hace un año. En especial, con los precios de los energéticos.

Lo mismo le va a suceder al crecimiento económico, cuando la base de comparación sea el segundo trimestre del año pasado, el resultado va a ser una sorprendente tasa de crecimiento que será irreal, será básicamente una comparación contra el sótano de aquel derrumbe del Producto Interno Bruto.

Sí, hay presiones inflacionarias que no se notaban incluso antes del inicio de la pandemia. No hay duda de que el banco central tiene que estar atento a mandar los mensajes correctos con su política monetaria. Pero también es cierto que no es la única autoridad que debe contribuir a que el tema inflacionario se mantenga como una plática discreta entre la sociedad.

Pero si en la mañanera se insiste en negar la realidad actual de precios altos de los combustibles. Y ni no estamos lejos de que ahí mismo se busque culpar a los adversarios de querer que le vaya mal a la 4T subiendo los precios, en lugar de que el jefe del Estado explique que hay presiones temporales, puede entonces la inflación ser también víctima de la polarización.

enrique.campos@eleconomista.com.mx

Enrique Campos Suárez

Conductor de Noticieros Televisa

La Gran Depresión

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestro en Periodismo por la Universidad Anáhuac.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Es un especialista en temas económico-financieros con más de 25 años de experiencia como comentarista y conductor en radio y televisión. Ha formado parte de empresas como Radio Programas de México, donde participó en la radio empresarial VIP. También formó parte del equipo directivo y de talento de Radio Fórmula.

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