A pesar de todos los retos que la siembra de maíz ha tenido que sortear este ciclo 2019-20 en Estados Unidos, como problemas climatológicos que retrasaron la siembra, guerra comercial, amenazas de falta de humedad en plena etapa de polinización, entre otros, y que apuntaban a que este año podría haber volado alto en términos de precios, el contrato a marzo del 2020 se ha desplomado casi 17%, equivalente a un retroceso de 31.59 dólares/tonelada desde el pasado 17 de junio al cierre del viernes, con todo y que el viernes tuvo una importante recuperación

En mayo, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, por su sigla en inglés) advirtió sobre la posibilidad de reducir la expectativa de la cosecha para este ciclo en 34 millones de toneladas debido a exceso de humedad que generó retrasos en las siembras y provocó que el USDA recortara los rendimientos esperados.

A partir de ese momento, el maíz subió con fuerza hasta el 17 de junio, en que logró un avance de 22.46% o 34.15 dólares/tonelada para alcanzar niveles no vistos en varios años de 186.21 dólares/tonelada, lo cual favoreció a nuestros productores del ciclo otoño-invierno.

A partir de esa fecha el precio empezó a caer y las caídas se vieron aún más acentuadas cuando el propio USDA anunció a finales de junio en su reporte sobre superficie sembrada, que siempre sí se habría sembrado una superficie mayor, incluso a la planteada originalmente, es decir, por encima de 37 millones de hectáreas.

Entre medio, el mercado se ha debatido con gran volatilidad, pero siempre con una tendencia a la baja, sobre la posible falta de humedad que podría afectar aún más la expectativa de rendimientos para el maíz, ya que al haber existido retrasos en la siembra, las raíces de esos maíces no son profundas y se podrían ver seriamente afectadas en un escenario de temperaturas elevadas y falta de lluvia.

Así, el mercado se ha movido entre pronósticos climatológicos que cambian de un momento a otro y que impactan la acción de precios de la misma forma.

Por otro lado y en favor de la volatilidad, la guerra comercial que hoy persiste entre Estados Unidos, primer productor de maíz a nivel mundial, y China, segundo productor y principal consumidor del maíz norteamericano, ha generado una perspectiva de desaceleración económica a nivel global que impacta negativamente en el lado de la demanda, provocando que haya menos exportaciones de maíz norteamericano y que, en consecuencia, se sigan acumulando inventarios, lo cual bajo ninguna circunstancia es alcista.

Pero sumado a todo lo anterior, el tiro de gracia vino por el reporte sobre oferta y demanda al mes de agosto que emitiera el USDA el pasado lunes, en donde para empezar y de manera sorpresiva, le incrementó la expectativa de rendimiento al maíz a 10.64 toneladas/hectárea, cuando el mercado esperaba que lo recortara a 10.34 toneladas/hectárea, contra las 10.42 que había estimado el mes anterior.

Lo anterior impactó en los estimados de producción al ubicarlos en 353.10 millones de toneladas, es decir, 19.76 millones de toneladas por encima de lo estimado y por arriba de las 352.44 del mes anterior, lo que significa una reducción de 13.19 millones de toneladas en la producción y no de 34 millones como esperaba en su reporte de agosto.

En resumen, la oferta total de maíz norteamericano estimada por el USDA se ubicó en 414.32 millones de toneladas, mientras que por el lado del consumo, el USDA le recortó al consumo humano industrial y de semillas, así como a la expectativa de exportaciones, para quedar en 358.92 millones de toneladas, o sea, 3.18 millones de toneladas menos que el mes pasado para incrementar los inventarios finales en 4.34 millones de toneladas y ubicarlos en 55.4 millones, lo que implica que son superiores en 1.04 millones de toneladas con respecto al ciclo 2017-18, y apenas 5.55 millones por debajo del año anterior.

Amigos productores: si algo ha caracterizado a este ciclo, ha sido la volatilidad, no dejen de tomar coberturas de precios.

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