Cuando Emmanuel Macron llegue a la Casa Blanca en este mes, el encuentro con Trump servirá como un crudo recordatorio de que el destino de la alianza occidental fue proyectado por Estados Unidos y Francia hace muchas décadas. Y será un recuerdo crudo porque en la actualidad las diferencias entre Trump y Macron son muchas.

Macron es tres décadas más joven que Trump; desdeña la naturaleza agresiva del estadounidense y muchas de sus políticas, especialmente lo concerniente a Irán y el cambio climático.

El presidente francés prefiere los libros, las ideas y la alta conversación intelectual al agresivo estilo transaccional encarnado por Trump, que prefiere la televisión al texto escrito.

Y, sin embargo, mantienen muy buena relación.

Trump quedó impresionado cuando Macron lo recibió como rey durante el desfile militar del Día de la Bastilla del año pasado.

Trump le habla por teléfono a Macron al menos una o dos veces por semana para tratar una amplia gama de temas, algo que no acostumbra hacer con otros mandatarios.

La estima de Trump por Macron ha elevado la influencia de Francia. A pesar del poder económico de Alemania, Francia goza de un estatus superior como potencia nuclear reconocida, y uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.

Macron ha sido el presidente más joven en Francia desde los tiempos de Napoleón, y se ha convertido en líder del mundo occidental, moviéndose hacia el espacio vacío que está cediendo Trump después de que su país lo ocupara durante 70 años.

Macron quiere vigorizar a la Unión Europea en un momento en el que Merkel se encuentra en el ocaso de su carrera y May está atrapada en el Brexit.