“No es la calle la que gobierna”, eco producido en el 2003 por el entonces primer ministro Jean-Pierre Raffarin, y replicado en la actualidad por el presidente Emmanuel Macron.

Su partido, En Marche, que no es “ni de izquierda ni de derecha”, controla la Asamblea Nacional, pero no las calles que son gobernadas por los chalecos amarillos y los sindicatos.

En Francia, tal parece que la reforma de pensiones simula ser una especie de trofeo de la Champions en los campos de la economía y política, sin embargo, al parecer nadie conquista el título.

En el presente, nadie está dispuesto a aportar las pensiones que los nietos cobrarían.

El hedonismo sobrevive gracias a la simulación que aporta el mercado negro a través de las bolsas piratas Louis Vuitton o las burbujas de sidra hechas con método champenoise.

Son memorables las manifestaciones en contra de las reformas de pensiones en 1953, 1995, 2003, 2007, 2010 y las actuales, iniciadas el año pasado; las primeras, las de 1953, 4 millones de franceses salieron a las calles.

En 1960 existían cuatro contribuyentes franceses por cada pensionado. En la actualidad, 1.7 contribuyentes cohabita por pensionado, y en el 2020 se estima que la cifra por pensionado disminuya a 1.5 (entrevista a Danielle Tartakowsky, Le Monde, 7 de diciembre). Algo más: la diferencia promedio entre el valor de la pensión de hombres respecto a mujeres es 42 por ciento.

En esencia, Macron tiene una propuesta similar a la que tuvo Alain Juppé en 1995: eliminar regímenes especiales de pensiones para fortalecer una sola vía. En la actualidad, existen 42 sistemas diversos y el presidente Macron los desea homologar, eliminando la estimación de las pensiones, por trimestres trabajados, y en su lugar, incluir un sistema a través de puntos. “Aportaciones iguales, iguales retiros”, ha comentado Macron.

Desde el 5 de diciembre las vías del tren y metro han dejado de desplazar máquinas y vagones, casi en su totalidad, por órdenes de los líderes sindicales, armonizados en la máxima figura de Philippe Martinez, secretario general de la Confederación General del Trabajo.

La oposición, sin poder de cambio en la asamblea, ha decidido donar su voz a la calle; así, Luc Mélenchon (Francia Insumisa) calificó el discurso de Año Nuevo de Macron como “una declaración de guerra” hecha por un “extranjero”.

Desde la ultraderecha de Agrupación Nacional, consideran a Macron como “un niño que se aferra a su juguete” al describir su defensa por la reforma de pensiones.

Macron llegó a la presidencia vendiendo una idea: “Estoy aquí para transformar el país”, y creó en la audiencia mediática el escenario de la confrontación entre conservadores contra progresistas reformistas. En las próximas semanas enviará su propuesta de ley de pensiones a la Asamblea Nacional, recordando la máxima de Raffarin, “no es la calle la que gobierna”.

Por lo pronto, el 5 de diciembre 806,000 franceses salieron a las calles de París para mostrar su rechazo a la reforma de pensiones sin conocer los detalles como ya se conocen ahora. En su mensaje de Año Nuevo Macron avisó que no dará marcha atrás a su reforma, le medirá el pulso a “los temores” de la sociedad y que existen demasiadas “mentiras” en voces de sus críticos. De ahí que Mélenchon calificara el discurso que duró 19 minutos como “declaración de guerra”.

Entre la “era del acceso” (Jeremy Rifkin) y Capital (Thomas Piketty) nos queda un mundo intangible resguardado por la Agencia Nacional de Seguridad e infantilizado por Apple.

Las pensiones están entrando al mundo distópico de Michel Houellebecq. El futuro no puede existir porque no hay condiciones de certidumbre para el 2020.

Macron se sube al cuadrilátero para medir sus fuerzas con Philippe Martinez y las redes sociales.

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Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.