El presidente Macron prometió una República ejemplar; sin embargo, el escándalo Benalla demuestra actuaciones incomprensibles y difícilmente defendibles.

El joven guardaespaldas Alexandre Benalla se integró a la campaña presidencial de Macron y, con 27 años, adquirió responsabilidades importantes en materia de seguridad del jefe de Estado.

A pesar de que en Francia existe una estructura profesional que vela por la seguridad del presidente, Benalla se ganó la confianza de su jefe rápidamente sin haber pasado por la misma. Empezó a gozar de poder y de prerrogativas exorbitantes. Por ejemplo, usa automóviles reservados a la policía, tiene un departamento exclusivo, puede ingresar a los lugares más sagrados de la República, obtuvo el grado de teniente coronel de gendarmería y, por supuesto, tiene las llaves de la casa privada de la familia Macron en el mar.

Alexandre Benalla golpeó durante la marcha del 1 de mayo a manifestantes.

El periódico Le Monde reveló el video de la agresión. Lo que pasó después lo conocemos todos: una crisis de gran escala para el presidente Macron.

Primero, el equipo presidencial guardó silencio. Lo rompió cuando Le Monde lo puso en su página web, por lo que anunció un leve castigo a Benalla. La presión no cesó y, actualmente, el joven está arrestado en el marco de una investigación.

Políticamente, de la Asamblea surgió una moción de censura en contra del gobierno por las declaraciones del ministro del Interior y del jefe de la policía al decir que estuvieron enterados de la agresión desde el día 2 de mayo, pero no lo comentaron a los jueces porque no lo consideraron como su obligación.

Ayer, finalmente habló Macron sobre el tema. Asumió la responsabilidad, pero advirtió que no se someterá a ninguna presión política. “Ésta no es una república de fusibles, una república del odio”, mencionó.

Macron sorprendió a todos al decir que Benalla no es su amante.

El costo político es enorme para un presidente cuya selección de futbol acaba de coronarse en Moscú: 80% de los franceses está escandalizado por el caso.

Macron derrocha su popularidad.