A Pemex le cobran 71% de sus ingresos en impuestos; del excedente, primero, se cubren las pensiones de los jubilados y las prestaciones de los trabajadores en activo; de lo que queda, se invierte en proyectos nuevos y en mantenimiento.

Cuando ayer proponía en un programa de televisión discutir la tragedia de las oficinas administrativas a la luz de la falta de adecuado mantenimiento, de inmediato, fui atajado con el argumento de que era momento de guardar silencio en memoria de los fallecidos.

Pero, eso sí, cuando se trata de encontrar el uso político de las desdichas, ahí sí no hay luto que valga.

Desde la noche del jueves pasado, las críticas eran porque el presidente Peña Nieto se había presentado en la zona cero y daba instrucciones a funcionarios y rescatistas.

Esos mismos que encontraban mal que el Jefe del Ejecutivo estuviera entre los escombros y entre los sobrevivientes fueron los que al día siguiente se desgarraban las vestiduras porque corrió la versión de que Peña Nieto habría decidido pasar el fin de semana con sus hijos en Punta Mita, Nayarit.

Con un rencor que a muchos les opacó su probada inteligencia, se le fueron a los golpes virtuales al Jefe del Ejecutivo; lo mismo en medios irresponsables que dejaron correr la versión sin confirmar de Twitter y Facebook.

El Presidente reapareció la noche del sábado en la zona de la tragedia. No apareció cenando en la Riviera Nayarita. Este hecho, lejos de provocar algún rubor entre sus detractores, los animó a torcer más sus argumentos y así siguieron los ataques.

No se trata de ver si Felipe Calderón ni siquiera se paró en Reynosa tras las explosiones de septiembre pasado que dejaron 31 muertos y 50 heridos. Porque el gran error de estas desgracias es que se pierde la discusión en la partidización y la polarización.

Hay que discutir qué hace que la empresa más grande de este país enfrente tragedias como las que hemos visto recientemente.

Desde los protocolos equivocados de salvamento de las plataformas que dejaron 18 muertos en el 2007 por la mala condición de las cápsulas salvavidas en las costas de Campeche, los 31 de Reynosa, los 34 hasta ahora de la torre..., en fin.

Es una actividad de gran riesgo estar en una plataforma marina en medio de una tormenta, pero la muerte devino de las malas condiciones del equipo de salvamento.

Del accidente de Reynosa, aún se sigue con las investigaciones. De la explosión del jueves, esperamos resultados periciales.

Más recursos para Pemex, mejores controles en contra de la corrupción, trabajadores bien pagados y, al mismo tiempo, comprometidos con su trabajo, no con su sindicato. Protección a una empresa que es un asunto de seguridad nacional.

De eso hay que hablar a la luz de la tragedia, no de privatizaciones inexistentes, presidentes presuntamente ausentes, no de ajustes de cuentas poselectorales.

No hacen falta puntos de acuerdo para citar a comparecer al Director de Pemex para explicar a los diputados los motivos de la tragedia o crear una comisión especial de investigación que goce de presupuesto para que el Congreso no llegue a conclusiones.

Pemex no es una empresa pobre, pero es una empresa explotada. Por el fisco, por su sindicato, por malos funcionarios que a lo largo de muchos años han sacado provecho de su riqueza.

Como lo dio a conocer El Economista, Petróleos Mexicanos ha solicitado a la Secretaría de Hacienda más de 40 millones de pesos para modernizar los sistemas de calefacción y aire acondicionado de las instalaciones que explotaron el jueves.

Esto porque a Pemex le cobran 71% de sus ingresos en impuestos; del excedente, primero, se cubren las pensiones de los jubilados y las prestaciones de los trabajadores activos; de lo que queda, se invierte en proyectos nuevos y en mantenimiento.

El reto de reformar Petróleos Mexicanos no sólo incluye acabar con el absurdo discurso de la supuesta privatización. Incluye cambiar su régimen fiscal, su modelo de pensiones, su contrato de trabajo y su relación con el sindicato y una vigilancia muy estrecha de la forma de ejercer sus gastos.

Pemex debería ser una empresa pública, que emita acciones y presente reportes trimestrales a sus accionistas.

Yo quisiera ver a los más talentosos senadores de este país, que son expertos en materia económica y laboral, buscando los mecanismos para que la reforma energética otorgue a Pemex recursos para su supervivencia y a la industria petrolera, viabilidad con nuevas inversiones.

No los quiero ver jugando un lamentable papel de Noroñas criticando a un Presidente a partir de una información falsa sobre pasar un fin de semana con sus hijos.

ecampos@eleconomista.com.mx