La deuda del país de la bota preocupa porque es enorme, pero la crisis de ese país no nació con los problemas helénicos; la mayor parte de ellos son estructurales.

El incendio de Grecia aún no se ha apagado, pero ha llegado el momento de hablar de Italia. Las alarmas suenan en la península de la bota. No sólo porque está en la tristemente célebre lista de los PIIGS, sino porque hay sucesos recientes que la afectan.

Moody’s lanzó un grito sobre Italia el jueves de la semana pasada: puso a revisión la deuda soberana del gobierno y las calificaciones de 13 de los mayores bancos. Standard and Poor’s se sumó a la alerta y anunció su propia revisión de Italia.

Este lunes, el gobierno italiano emitió 8,000 millones de euros de deuda. Pagó lo que nunca había pagado desde la creación del euro y movió a los mercados. Las acciones de los principales bancos de Italia -Unicredit e Intesa Sanpaolo-, sufrieron caídas en la Bolsa superiores a 10%; ¿la historia les parece conocida? No les sorprenderán los últimos cuadros de la película: el gobierno de Silvio Berlusconi promete un paquete de reducción del déficit que rebasa los 50,000 millones de dólares anuales. Afirma que no necesita ayuda internacional o de la Unión Europea.

La aparición de Italia en el mapa de los focos rojos no es una sorpresa total, pero sí una pésima noticia. Entre muchas razones, porque Grecia está lejos de ser una herida cerrada. Si los griegos han puesto nerviosos a los mercados con una deuda que ronda los 500,000 millones de euros, imagínense lo que puede pasar con Italia. Es el cuarto país más endeudado del mundo, 1.8 billones de euros, equivalentes a 120% de su PIB. Hasta ahora, Italia ha cumplido sus compromisos y no hay un riesgo inminente de default, pero la posible baja en la calificación aumentaría la incertidumbre en un momento en el que nadie necesita un miligramo más de dudas. La zona euro y el mundo no están preparados para un ataque especulativo contra Italia.

La deuda italiana preocupa porque es enorme y por la constelación de circunstancias que la acompañan: un déficit público de 59,000 millones de dólares anuales; una economía estancada desde hace una década, y problemas de competitividad en industrias clave, como la automotriz y la textil. El turismo, donde es quinta potencia mundial, está sufriendo como consecuencia de la fortaleza cambiaria del euro.

La crisis de Italia no nació con los problemas de Grecia. La mayor parte de ellos son estructurales y de largo plazo.

La economía italiana tuvo un crecimiento negativo per cápita en la primera década de este siglo. Fue uno de los tres países que estuvo en esa zona roja, de acuerdo con el informe del FMI. Además, su sistema bancario está muy expuesto a la deuda soberana del gobierno, a diferencia de Grecia, que tiene como principales acreedores a entidades alemanas, estadounidenses y francesas. Más allá de los nubarrones en el ecosistema financiero, están los aspectos sociales que acompañan el estancamiento económico de Italia: la tasa de desempleo no para de subir desde el 2008: pasó de menos de 5% a cerca de 9% en tres años. No es tan alta como la de España, de 21%, pero en menos de 29 años alcanzará 30 por ciento.

El gobierno de Berlusconi ha dicho que entiende la gravedad de la situación y promete fuertes recortes y aumentos de impuestos. En PowerPoint suena lógico, como en muchos casos, pero será difícil de implementar, ya que Berlusconi sólo tiene 29% de aprobación. La temperatura en Italia seguirá subiendo.

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