Ante la abierta actitud agresiva hacia nuestro país por parte de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, resulta lamentable que nuestros partidos políticos no propongan soluciones consistentes y viables en defensa de los valores e intereses del país. Hay voces aisladas y ahora visitas de líderes políticos a centros de población mexicana en Estados Unidos.

Los posibles candidatos a las elecciones para la Presidencia del país se limitan a enfatizar, en el mejor de los casos, los problemas de corrupción e impunidad. Les asiste toda la razón, pero estos problemas no son aislados y obedecen a la precariedad del Estado de Derecho y por lo tanto al autoritarismo en el ejercicio del poder.

Norberto Bobbio, ilustre maestro en ciencia política, de origen italiano, advirtió hace mucho tiempo: El derecho y el poder son dos caras de la misma moneda: sólo el poder puede crear derecho y sólo el derecho puede limitar el poder .

En la economía, lo que se observa por parte de la clase política son los grandes agregados macroeconómicos, que si bien no están en niveles de excelencia, ofrecen equilibrios, aunque con menos contundencia que en el pasado. Hay una relativa estabilidad de precios; un comercio importante con Estados Unidos en el contexto del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, ahora con interrogantes. El surgimiento de cadenas productivas de valor con la industria de Estados Unidos que permitieron el desarrollo de regiones y actividades productivas; las reformas en comunicaciones y energía son importantes; recurrir a más recaudación fiscal ha sido un soporte valioso para las finanzas públicas; las recientes medidas heterodoxas del Banco de México (Banxico) para quitar presión al tipo de cambio; la deuda externa demasiado alta, como foco rojo, rebasando las reservas de Banxico.

Conocemos el efecto Trump en estas variables pero todavía falta lo peor, lo que alimenta la incertidumbre. Las declaraciones recientes de Wilbur Ross, el nuevo secretario de Comercio, de realizar una negociación prudente del TLCAN, mejoraría, según sus palabras, la posición del peso. Es un alivio.

Sin embargo, todo lo descrito es una cara de la moneda. La otra cara es la cuestión social que se ignora políticamente y sólo es motivo de generalidades.

Cuatro situaciones revelan lo siguiente: I) A partir de la firma del TLCAN se consideró que la brecha del ingreso por habitante de Estados Unidos y Canadá, en comparación con el de México, se reduciría. No ha sido así. Los salarios no convergieron. II) Se consideró que con el TLCAN la productividad se elevaría. Tampoco ocurrió. En los años del Tratado la productividad de México se ha mantenido estancada. Faltaron reformas para reforzarlo con más inversiones en infraestructura, capital humano y tecnología. Sólo el norte del país se benefició. Ahora el desempleo es mayor. Uno de cada cinco jóvenes ni estudia ni trabaja, son los conocidos como ninis. También explica la migración, que ahora es un problema mayor. III) Los salarios que representaban 40% del ingreso nacional disponible ahora han bajado a 28 por ciento. Las utilidades, por contra, representan 72 por ciento. En los países industriales los salarios absorben 65 por ciento. Ello explica la fortaleza de sus mercados internos, a diferencia del nuestro, caracterizado por la debilidad. IV) La desigualdad está así: 20% más rico de la población tiene 60% del ingreso, en tanto que 20% más pobre, sólo 4 por ciento.

La transformación de México tiene que transitar hacia un nuevo modelo de desarrollo que permita crecer y distribuir. Uno tipo China, India o Vietnam.