El presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, recomendó a los ciudadanos estar pendientes del juicio que el martes comenzó contra el presunto ladrón, el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya;  “para que conozcan —dijo— cuál era el modus operandi de los delincuentes de cuello blanco”. Yo, como sugirió el presidente, estuve al pendiente del caso, hasta que me aburrí, debido a que la única forma posible de enterarme de lo sucedido, durante el proceso, fue conectarme, vía Internet, a una de las plataformas que tuvieron acceso, mediante el WhatsApp, a la información que, en periodos que van de los 5 a los 20 minutos, enviaba el Consejo de la Judicatura sobre la comparecencia, que, según la ley, debería de ser pública.

Transcribiré, con su horario correspondiente, una de las pocas cosas que me pareció interesante durante la casi una hora en la que seguí el consejo presidencial: 11:35 horas: La FGR solicitó la vinculación a proceso de Lozoya y ahora procede a desarrollar su solicitud. 11:50 horas: Lozoya volvió a tomar la palabra para añadir que, debido a la investigación en su contra, fue “sistemáticamente intimidado, presionado e instrumentalizado. Manifiesto a usted (juez) que denunciaré y señalaré a los autores de estos hechos y vuelvo a reiterar mi compromiso de colaborar con las autoridades del Estado mexicano”. ¿Por qué no empezó a colaborar en ese mismo momento diciendo quién o quiénes fueron el o los que sistemáticamente lo intimidaron y presionaron? (Ya me imagino una declaración más amplia: Todos los días sin falta, señor juez, me presionaban: me hacían lo que vulgarmente se conoce como “manita de puerco” para que me comprara una casa en Ixtapa Zihuatanejo. En varias ocasiones fui amenazado con que a mis hijos no les iba a traer nada Santa Claus si no cambiábamos de domicilio, por eso conseguí dinero para comprar la casa de Lomas de Bezares. Lo de instrumentalizado me causa repugnancia y vergüenza recordarlo).

El confinamiento en el que vivimos por la pandemia del coronavirus, de ninguna manera debió haber sido un pretexto para privar a la sociedad de presenciar la audiencia del político involucrado en la corruptela más cínica y descarada del régimen más corrupto del que tengamos memoria y, como todos sabemos, hemos tenido  gran cantidad de ellos. A través de una transmisión de Zoom, de Scopia, de Teams, u otro sistema moderno de videoconferencia, se podrían haber ligado las imágenes y los sonidos del juez, de los abogados y del presunto culpable y enfermo de última hora, conectadas al Canal Judicial que así, por primera vez desde que fue creado, tendría rating. Hasta patrocinadores se hubieran interesado por estar en la emisión. El dinero producto de la publicidad sugerida sería una entrada más de recursos para el INDEP, Instituto Para Devolver al Pueblo lo Robado.

Burlas aparte, el sistema de difusión expuesto en el párrafo anterior es ciento por ciento posible. Así están transmitiendo desde que comenzó la pandemia innumerables programas de deportes, espectáculos y entrevistas. ¿Por qué no pudo hacerse lo mismo con el litigio de Emilio Lozoya? ¿Habrá querido cobrar derecho de exclusividad por la transmisión? Lo cual sumado a lo que se está pagando por su estancia en un hospital de lujo incrementaría el costo de las “ciertas consideraciones que como testigo colaborador va a tener (Lozoya) porque lo que se busca según la ley —dijo López Obrador— es conocer el modus operandi”. (¿Para que los funcionarios de la 4T aprendan?)

El presidente lo llama “testigo colaborador”, la Fiscalía dice que Lozoya se acogió a la figura de “criterio de oportunidad”. No es lo mismo una cosa que la otra. ¿Cuál de las dos versiones es la verdadera? Los ciudadanos estamos confundidos. Lozoya debería estar preso. Ojalá que me equivoque, tengo la impresión de que estamos presenciando una farsa con olor a mierda.

Manuel Ajenjo

Escritor y guionista de televisión

El Privilegio de Opinar

Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros.