Los mercados emergentes han mostrado hasta ahora mucha más resistencia que las economías desarrolladas para enfrentar la crisis financiera.

Pero al final, no hay país que resista sin consecuencias el asumir medidas políticas equivocadas.

Europa es víctima de la irresponsabilidad de los que sobreendeudaron a esas naciones que hoy no tienen la capacidad de pago de todo ese dinero que ya se gastaron.

Estados Unidos sigue hasta este punto gastando mucho más de lo que gana y, confiando en su fortaleza para salir a flote rápidamente, no ha iniciado un proceso de corrección, algo que a la larga puede resultar extremadamente costoso.

Y Latinoamérica también es víctima de sus propias decisiones.

En el caso de México, está claro que la determinación del gobierno federal de no haber gastado excesivamente durante la recesión y, por el contrario, haber asumido una política de control fiscal propició una caída más fuerte en el Producto Interno Bruto de aquel 2009, pero implicó una mayor fortaleza financiera para emprender la recuperación que hoy es sana.

Asimismo, la errónea decisión con tintes electorales asumida por el gobierno de Felipe Calderón de congelar en ese año los precios de las gasolinas implicó un serio error para las finanzas públicas y para el mismo capital político del Presidente, porque al momento que se descongelaron los precios y empezaron a aumentar más que la inflación se acabó el encanto de la popularidad gasolinera.

Sin duda, al sur del continente encontramos casos más dramáticos del pago de facturas sociales por malas decisiones políticas. El ejemplo histórico está en Cuba, pero la coartada del embargo estadounidense alcanza para esconder las responsabilidades del fracasado modelo económico de la isla.

Casos más recientes, no menos dramáticos, los encontramos en Venezuela y Argentina.

En el caso del país gobernado por Hugo Chávez, la pérdida de calidad de vida de la población es algo muy evidente. Tanto en la pérdida de riqueza nacional, como de libertades y de seguridad pública.

Sentado sobre sus barriles de petróleo, el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela ha perdido la confianza interna y externa y ha optado por un modelo estatizador de férreos controles estatales que sólo son capaces de mantenerse en la realidad de que cada barril del hidrocarburo se cotiza en 110 dólares.

Un país que tiene también un enorme ego nacional y que basa su desarrollo en sus capacidades propias es Brasil, una nación de altos impuestos y elevado proteccionismo.

Brasil empieza a acumular algunos problemas serios con su deuda interna, con su tipo de cambio altamente presionado y con una competitividad muy baja y salvaguardada por ese escudo proteccionista.

Pero en el extremo del continente, y de las medidas equivocadas, están los argentinos. Un país que no tiene la confianza de los mercados internacionales, que tiene una muy baja competitividad, que está aferrado a una moneda revaluada con más nacionalismo que realidad.

Cada acción que se toma desde la Casa Rosada que parece popular sólo incrementa la ansiedad y las preguntas sobre la salud de la economía argentina.

Vulnerar la autonomía del Banco Central, obligar a los importadores a tener que exportar lo que sea para mantener la balanza comercial, la expropiación de YPF, son acciones que denotan desesperación.

En la memoria de los argentinos se han revivido los días del corralito y cuando se ve que a la vuelta de más de una década se siguen tomando medidas tan arrebatadas, como un tango, los temores reviven.

Nadie le ha querido decir a los argentinos que las finanzas del país enfrentan problemas y que si no se corrigen los problemas de entrada con una devaluación de al menos 40% del valor del peso argentino, no hay manera de iniciar la corrección.

Pobres de muchos de los sufridos sudamericanos que tienen que enfrentar la realidad de que aquellos que los gobiernan siguen viviendo en la irresponsabilidad del populismo más rancio del continente.

La primera piedra

Ayer le adelantamos que Audi confirmaba el establecimiento de una planta en México para surtir el mercado de Norteamérica.

Lo más reciente es que entre los lugares más probables para establecer esta nueva planta está el estado de Querétaro, que posee la ventaja política de un gobierno muy interesado en atraer inversiones, tiene una ubicación privilegiada cercana a la capital, al puerto interno del Bajío, a los puertos marítimos y a la frontera con Estados Unidos.

Audi es una marca que ha logrado altos estándares de calidad y tecnología que debe conseguir las mejores condiciones para producir sus vehículos y mantener sus altas tasas de dominio del mercado.