Van ocho años consecutivos en que la inflación de la primera quincena de abril resulta negativa, incluso en este 2017.

Los que viven en el norte del país entienden mejor la importancia de tener una tarifa eléctrica más baja para prender los aires acondicionados en esta etapa del año que viene, en que se elevan mucho las temperaturas.

Es todo un tema que se tengan que aplicar subsidios federales para pagar un tramo del recibo de la luz de tan sólo una parte de la población, pero ese es otro tema que eventualmente se tiene que resolver si aspiramos realmente a un mercado abierto. Porque con eso del calentamiento global, la verdad es que hay muchas otras entidades que podrían llevar el registro de sus termómetros para calificar como candidatos al subsidio.

El tema por ahora es que esos subsidios aplicados por la temporada de calores a las tarifas de energía eléctrica se notan en la medición inflacionaria de los meses de abril y mayo. Y evidentemente en octubre, cuando se cortan esas subvenciones, sube la inflación.

Por lo pronto, van ocho años consecutivos en que la inflación de la primera quincena de abril resulta negativa. Incluso en este 2017, en que hay algunas presiones en los precios, también se registró este mismo fenómeno.

La disminución de esas tarifas específica de la luz fue de 13.36%, pero también tuvieron bajas importantes los precios del gas, tanto el licuado de petróleo como el natural y algunos centavos que también bajó la gasolina Magna.

Todo esto compensó los aumentos que se dieron en rubros como servicios y mercancías que sí estuvieron por arriba de los promedios del mismo lapso de años anteriores.

En especial merece la pena ver que sí hay un traspaso al rubro de servicios donde pueden pesar más las expectativas que algún factor de insumos que se paguen en dólares, por ejemplo. La inflación en este subíndice fue la de más notorio aumento en la comparación con los años anteriores.

El punto es que reportar una inflación negativa en un año que inició con tan malos augurios para la inflación y en momentos en que se han estabilizado las presiones financieras, como por ejemplo la cotización del peso frente al dólar, ayuda a mejorar las expectativas.

Además, desde la óptica del propio gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, así como de organismos como el Fondo Monetario Internacional, hay un impacto positivo por el proceso de consolidación fiscal que lleva a cabo el gobierno federal, vía la Secretaría de Hacienda de José Antonio Meade.

Ante la imposibilidad de controlar las reacciones viscerales del presidente de Estados Unidos, que ha regresado a golpear a México ante la falta de cualquier otro resultado que presumir a 100 días de gobierno, es indispensable que haya buenos resultados en lo que sí resulta controlable desde dentro, como la inflación, el gasto y la deuda.

Pero, sobre todo, es indispensable que esas correcciones consigan el reconocimiento de los agentes económicos y que recuperen la confianza en que la economía mexicana puede llevar un rumbo aceptable.

Una inflación negativa, así sea por la aplicación de cuestionables subsidios públicos, es un buen dato para la confianza tan escasa en los últimos tiempos.